Los pacientes terminales con creencias religiosas tiene tres veces más probabilidades de recibir tratamientos agresivos y dolorosos en sus últimos días.
Andrea Phelps, y sus colegas han publicado un estudio en el Journal of the American Medical Association basado en entrevistas a 300 pacientes terminales de cancer de varios hospitales de EEUU en las que se estableció su grado de religiosidad y el tipo de tratamiento recibido en su última semana de vida.
Todos los pacientes murieron a lo largo del estudio. Sus expedientes fueron revisados y se entrevistó al personal sanitario que los atendió y a sus familias y cuidadores para comprobar si fueron conectados a sistemas de ventilación, reanimación cardiopulmonar u otras técnicas intensivas de prolongación de la vida. Encontraron un 14 % de casos entre los 176 religiosos y sólo un 4% entre los no 167 no religiosos.
Los autores creen que los creyentes eligen terapias agresivas porque creen que Dios puede usar esa terapia para obrar el milagro, o esperan que ese milagro se produzca mientras los cuidados médicos consigan prolongar la vida. Holly Prigerson, psiquiatra y coautor del estudio opina que estas prácticas incrementan las facturas que cobran los hospitales y únicamente provocan un empeoramiento de las condiciones de vida del paciente terminal, causandoles un mayor daño físico y emocional.