El origen del cristianismo (2): San Pablo y su invención

San-Pablo

San Pablo elaboró una mezcla de elementos judíos y griegos después de darse un fuerte golpe en la cabeza

Pablo de Tarso era partidario de abrir la religión a los no judíos y despojarla de sus elementos mesiánicos nacionalistas y antirromanos. Estaba muy influido por la cultura grecolatina y no veía futuro en la resistencia contra Roma.

Pero su peculiar cristianismo era una construcción personal bastante alejada de la predicación de Jesús, a quien no conoció. Pablo introduce elementos paganos en el cristianismo. La idea de un enviado del cielo que se sacrifica, la redención, es extraña al judaísmo, pero era familiar para las religiones del Mediterráneo oriental. Ulises, Eneas, Orfeo, Osiris o Mitra eran divinidades o personas divinizadas que morían y renacían o viajaban al mundo de los muertos y conseguían volver. Pablo tuvo la genial intuición de relacionar este viaje heroico al reino de los muertos con la muerte en la cruz. Precisamente, la muerte de su líder colgado en un madero era uno de los aspectos más embarazosos para los judíos cristianos porque es una forma de morir especialmente ominosa para la cultura judía. El cristianismo judío no tenía una buena explicación para la crucifixión. Por último, la deificación de Jesús es también un elemento helenístico. La idea resulta sacrílega para los creyentes que han recibido una educación judía porque recitan desde la cuna que Dios es uno y nadie puede comparársele.

En los hechos de los apóstoles y en el evangelio de Lucas se justifica la ruptura con el judaísmo aludiendo a una persecución que nunca existió. Brandon desmiente las supuestas persecuciones judías contra los cristianos. Como ya hemos explicado, los cristianos y fariseos llegaron a un acuerdo para repartirse el poder religioso a expensas de los saduceos.  Según cuenta Flavio Josefo, los fariseos condenaron la muerte de Santiago, hermano y sucesor de Jesús, que fue asesinado por instigación de los saduceos. En los Hechos de los Apóstoles 5:34 queda testimonio de la defensa de los cristianos que hace Gamaiel, miembro de la aristocracia farisea. En este mismo texto y en la epístola a los Gálatas comprobamos que en los tiempos de la predicación de Pablo, Jerusalén era la indiscutible capital del cristianismo, de manera que no tuvieron que exiliarse ni nada parecido. La jerarquía cristiana, con Santiago a la cabeza, heredero natural de  Jesús, vivía en Jerusalén sin ser molestada. Incluso se podían permitir llamar a capítulo a Pablo para pedirle explicaciones por sus actividades con los gentiles y exigirle que demostrase públicamente su fe judía en el templo, cosa que él tuvo que hacer, porque el poder de la comunidad cristiana judía todavía era grande. Todo esto no se corresponde con la situación de clandestinidad que fabricaron posteriormente diversos copistas antisemitas.

Pablo y su propagandista, Lucas, procuran expurgar la historia de Jesús de todos los elementos nacionalistas que pueden, aunque algunos eran demasiado conocidos. Las intenciones de Lucas van más allá: culpa a los judíos de la muerte de Jesús, cuando es evidente que se trata de una ejecución realizada por los romanos para castigar la sedición contra Roma.

Hay una voluntad de desertar de la causa judía que sigue una evolución inevitable. Marcos supone el paso siguiente: de la deserción al abierto enfrentamiento. Su evangelio, dirigido a los cristianos de Roma y al mundo romano, ataca las instituciones y la tradición judía con fiereza sectaria. Exculpa a Roma de la muerte de Jesús, culpa de ella a los judíos y trata de cambiar  el sentido del término Mesías. Hay una significativa discusión entre Jesús y los que Marcos llama escribas (era el nombre que se empleaba en Roma para referirse a los rabinos) sobre el origen del Mesías (12:35). Marcos desmiente por boca de Jesús el carácter político de su mesianismo. Él es diferente de los otros mesías, su relación es más estrecha que la de David porque está emparentado directamente con Dios. Es muy improbable que Jesús hiciera esa afirmación blasfema, cuando sus partidarios se esfuerzan desde el principio en explicar su pertenencia a la casa de David a lo largo de una improbable línea sucesoria. El evangelio más antiguo, el de Mateo empieza precisamente así, defendiendo el derecho de Jesús al trono.

Los elementos fundamentales de la historia ya están planteados. Los siguientes capítulos se desarrollarán en las ciudades de Roma y, sobre todo, en Alejandría y llevarán al cristianismo a convertirse en la religión oficial de un Imperio Romano en decadencia, pero con el poder suficiente para convertirlo en la fe hegemónica de buena parte del Mundo.

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2 comentarios to “El origen del cristianismo (2): San Pablo y su invención”

  1. Zosimo Says:

    No sé gran cosa del tema, pero recuerdo que a Jesús le atribuyen haber profetizado la caída de Jerusalén, lo que no acaba de cuadrar con un líder nacionalista judío. No deberia haber anunciado la caída de Roma?

    • Confusio Says:

      Los cristianos paulinos inventaron el mito de que Jesús predijo la destrucción del templo. Textos cristianos más antiguos hablan de esa supuesta profecía, pero para desmentirla. Parece que a raíz de los disturbios por el intento de toma de control del templo (el episodio de la expulsión de los mercaderes), corrió la especie de que Jesús pretendía destruirlo. No se puede decir algo más aborrecible para un judío. Solo los idólatras y los enemigos de Israel podían querer destruir el templo. Los partidarios de Jesús siempre lo desmintieron como una calumnia.

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