El dolor de Ramon Llull

Allí estaban los discípulos de Raimundo Lulio, volteando unas ruedas, con las que pretendían en breve tiempo acaudalar todas las ciencias.

Diego Saavedra. República Literaria


Los discípulos, a una orden suya, echaron mano de unos mangos de hierro…, y dándoles una vuelta rápida, toda la disposición de las palabras quedó cambiada…cuando encontraban tres o cuatro palabras juntas que podían formar parte de una sentencia las dictaban a los escribientes…

J. Swift. Los viajes de Gulliver.



Beato

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Es triste que nuestro más interesante filósofo sea un perfecto desconocido. Cuando nos explicaron la historia de la Filosofía en el Instituto no nos hablaron ni una palabra de él.

Ramon Llull, tal como lo define A. Bonner, era un pensador religioso de frontera. Su principal objetivo era la conversión de los musulmanes. Pero su fama se debe a que se enzarzó en una batalla contra el averroísmo, que por entonces triunfaba en la Universidad de París.

Para los averroístas fe y razón eran independientes, de manera que lo que puede ser verdadero para la fe puede ser falso para la razón. Hoy en día podemos encontrar posmodernos que defienden cosas parecidas, como si el pensamiento cayera repetidamente en ese trastorno de personalidad múltiple, así que no me sorprende que Ramón Llull reaccionase. Él defendió que todo lo real es racional, es decir, que la religión verdadera debe ser demostrable y, por tanto, la conversión del infiel debe ser posible sin la revelación, la tradición o los textos porque de otra manera Dios estaría siendo injusto con aquellos que se condenan por no conocer el cristianismo. Los infieles castigados al  infierno sin ni siquiera saber de la palabra de Jesús le dolían como la evidencia de una arbitrariedad. Un juez que castigase a un niño por no ser sabio sería un juez injusto; por tanto, un hombre sabio y atento debería poder llegar a la fe verdadera simplemente contemplando el mundo y al hombre. Sólo el insensato puede rechazar lo que se muestra claramente como verdadero. Castigar a un insensato contumaz ya no parece tan injusto y, de paso, Dios no resulta un juez tan atrabiliario.

Ramon Llull se retira a la montaña a orar y a hacer vida contemplativa y recibe la iluminación. Encuentra, escritos en las hojas de un arbusto, los fundamentos de una lógica-metafísica con la que construir un lenguaje universal para uso de los predicadores. Gracias a su método es posible demostrar la existencia de Dios, la Trinidad, la creación, el pecado original, la encarnación, la resurrección, la ascensión, el juicio final… en fin, todo. Y no sólo las verdades de fe, sino que cualquiera de las siete ciencias se vuelve sencilla para el profano, porque todo el conocimiento no es más que el resultado de la combinación de los atributos de Dios y las propiedades de los elementos y las criaturas. En su sistema, operaciones matemáticas de combinatoria generan la multiplicidad de los procesos y las relaciones.

Pero no parece que muchos infieles se convirtieran gracias a este complejo andamiaje lógico. El doctísimo padre Feijoo, ya en el XVIII, despreció completamente su obra y descartó que pudiera sacarse de ella ninguna utilidad. Le parece que pocos o ninguno la entienden, y los que la entienden, después de inmensos trabajos, no llegan a aprender nada digno de aprecio. Tampoco cree lo de la iluminación divina porque el sistema no se ha usado en cuatro siglos y le parece increíble que una ciencia revelada por Dios “esté en la iglesia tan ociosa”. Al poco de decirlo en una de sus cartas eruditas, se vio inmerso en una agria polémica con los defensores del doctor iluminado, que por esa época todavía eran bastantes. Agria, porque usó de citas de Bacon, un hereje, para refutar a Llull y por entonces eso era casi heterodoxo y, por tanto, peligroso. Así que el padre Feijoo tiene que extenderse en explicar que la Santa Inquisición permite citar a herejes siempre que no sea en materias de fe. Por cierto, que sus Cartas Eruditas y Curiosas y el Teatro Crítico están disponibles en la red y constituyen una lectura entretenidísima y provechosa. Se la recomiendo a todo el mundo.

El método luliano fue quedando arrinconado y resulta un poco anacrónico leer la entusiasta defensa que hace de él Menéndez Pelayo en la Historia de los Heterodoxos Españoles. Acusa a Feijoo de no habérselo leído y lo considera plenamente ortodoxo, aunque las acusaciones de Feijoo no iban por ahí.

Ramon Llull fue acusado de herejía por pretender explicar el misterio. Sin embargo, pienso yo, si el misterio no tiene explicación, nadie debería ser castigado por no creérselo. Llull no se resigna ante el misterio; su mensaje es optimista hasta la ingenuidad: podemos llegar a entender.

Nota para madrileños: Por favor, cualquier pronunciación es preferible a “iul”, incluso la castellanización “Lulio” es más soportable. Gracias.

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