Elogios envenenados

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Hay maneras sutiles y hasta elegantes de decir que la mujer es un ser inferior:

-Alabando lo intuitivas que son. Lo de pensar no es para ellas. Lo verdaderamente femenino es dejarse llevar por el sentimiento y obrar como una posesa descerebrada.
-Que la mujer dialogue también tiene algo de antinatural. “Me gustas cuando callas” decía Neruda.
– Alabando su capacidad de trabajar en multitarea (que, desgraciadamente, le impide profundizar en nada).
-Dando por sentado que un varón debe garantizar su sustento.
-Suponiendo que necesita una protección especial sólo por su condición femenina. A veces la necesita, pero no se debe a cómo son las mujeres, sino a cómo son los hombres.
-Hacerla Reina del Hogar; piedra angular de la familia y, por tanto, de la sociedad. Casi nada… Mujer, piénsalo cuando estés frotando calzoncillos, así frotarás más fuerte.
-Dándole un lugar principalísimo en la sociedad: criar y educar a los niños. ¡Guau! Tan importante es este papel que los maestros siempre han sido los profesionales mejor pagados y hay tantos aspirantes a tan alta responsabilidad que hay que celebrar elecciones para elegir a los más capacitados. Nada se hace sin consultar a los maestros… Vamos, que hay bofetadas por criar y educar a los niños. Yo incluso sospecho que los líderes mundiales ocupan presidencias, consejos de administración y tronos porque no han podido encontrar un aula o una guardería donde criar y educar a la infancia. Privados de poder ejercer esta función, que es la verdaderamente importante para construir la sociedad del futuro, se contentan, los pobres, con un papel secundario.

Y todo eso puede aderezarse con la falacia naturalista y la apelación a la tradición: La Naturaleza lo ha dispuesto, siempre ha sido así.

Lo más frustrante es observar cómo muchas mujeres parece que no son capaces de captar el menosprecio que transpiran ese tipo de afirmaciones y las repiten encantadas. O si se dan cuenta lo disimulan bien. Es que a veces resulta cómodo no afrontar la propia realización personal y profesional, eludir la pesada carga que implica mantener la independencia, que encima es más difícil para una mujer. Así que esconderse en el hogar llega a ser una opción tentadora. Si te sientes vacía dentro de esas cuatro paredes entonces la solución es tener hijos para sentirte valorada. Quedarte embarazada y que todo el mundo cuide de ti…al menos una temporada.

Los mejores ejemplos de este tipo de mujeres los encontraréis entre las conversas al Islam, a las sectas ultracatólicas o al judaísmo ultra. Y no dudéis ni por un momento que se puede ser feliz en el hogar. Ellas cantan mientras frotan.

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