Entre el blues y el gospel

El que roba y reza, empata. (Refrán colombiano)

Dice el lugar común que si las personas dejan de creer en Dios, pasan a comportarse como egoístas inmorales. Parece que todos llevamos dentro a un monstruo al que sólo frena el miedo al castigo divino. Robos, asesinatos y violaciones es lo que puede esperarse si la sociedad se llena de descreídos, decía Cadalso. Hay incluso ateos que así lo creen y prefieren ocultar lo que piensan por no debilitar la fe de los demás.

Sin embargo, sociedades menos creyentes son también sociedades menos violentas. Y por otro lado vemos que los narcotraficantes y los sicarios son muy creyentes a su manera. Tienen su propio conflicto con Dios y buscarán una solución de tipo personal que puede ser de lo más variopinto, pero que en cualquier caso les permite seguir ejerciendo de matones, chulos, maltratadores o ladrones porque aspiran a ser absueltos. En el catolicismo todos los pecados pueden ser perdonados. La redención es un proceso personal, que implica algunos sacrificios (como alguna donación económica para la Iglesia, por ejemplo), pero que no suele incluir el enfrentarse cara a cara con las víctimas.

Este estado de las cosas ha creado lo que podríamos llamar, en lenguaje posmoderno, el relato blues-gospel. Una nefasta combinación de moralina religiosa y épica de la delincuencia.

El relato blues-gospel es el del emocionante sermón el predicador evangelista, que excita el interés de los feligreses a base de contar que él mismo estuvo en las garras de Satanás; que bebió, engañó, robó, hizo sufrir a los que le rodeaban y cometió una buena porción de cosas horribles antes de que Jesús le salvara. Un discurso morboso que fácilmente llega al corazón del que ha vivido todas esas cosas de primera mano, en su propia casa.

Así que los que se dejan arrastrar por la violencia, el vicio y el delito piensan que están en la fase blues. Ya llegará la fase gospel y todas esas experiencias del lado oscuro, en vez de ser el sórdido relato de un delincuente, se convertirán en un capítulo de la lucha universal contra el Demonio, un capítulo emocionante, con acción y con final feliz. Y con su punto morboso, como le gusta a la parroquia.

Así que roba y reza, que el Señor te salvará. ¡Alabado sea Dios! ¡Aleluya!

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3 comentarios to “Entre el blues y el gospel”

  1. antonio chamo Says:

    muchos cometen delitos, van con el pastor o cura y el pecado se termino, y va de nuevo

  2. El Suscriptor Justiciero Says:

    Yo más bien diría que el que roba y reza pierde por 2-0. O dicho de forma un poco más poética (léase, ripio infame): “No robes y reces, pues pierdes dos veces”

  3. leonardo Says:

    No es correcto el que roba y reza empata, es el que peca y reza empata, muy buen blog.

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