El argumento de la inefabilidad

Ante el vértigo de la razón, algunos pretenden que la fe es una respuesta opuesta, o por lo menos desvinculada del razonamiento, que tan fructífero resulta en otros campos. La fe habla otro idioma. Los métodos racionales no son adecuados para tratar lo referente a la divinidad porque esta trasciende lo racional. Es como intentar encontrar madera con un imán. Si no encontramos madera no es porque no la haya, es que la buscamos con la herramienta equivocada. De la misma manera, si la trampa para centauros está vacía, eso no demuestra que los centauros no existan, sino que la trampa no sirve… primero hay que capturar alguno para demostrar que la trampa funciona.

Hay que ser muy obtuso para no reconocer que puede haber cosas más allá de la razón y del lenguaje. Naturalmente, pero el problema es que no sé muy bien qué vamos a emplear para tratar esas cosas inefables y transmitirlas. Si se convierten en una experiencia puramente subjetiva, fuera de las posibilidades del análisis y no contrastables, entonces son materia caprichosa y traicionera, indistinguible del delirio.

Y sobre este movedizo material algunos pretenden que construyamos el resto del pensamiento, de la moral y de la sociedad.

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