El Dios de las pequeñas cosas y de los grandes terremotos

En TED se puede ver una interesante charla de Tom Honey, pastor de la Catedral de Exeter.

El pastor se pregunta lo mismo que todo creyente con sensibilidad cuando asisten a una gran catástrofe. En este caso se trata del tsunami del Índico de 2004, que provocó más de 200.000 muertos. Como suele ocurrir, las historias de aquéllos que se salvaron por pura casualidad son calificados de “milagros” por personas que puede que sean creyentes, pero que no demuestran demasiada inteligencia.

Tom Honey se cuestiona si se puede amar a un Dios así. El hombre siente que, si es correcto lo que le inculcaron desde pequeño como sentido del bien y de la justicia, y que se supone que emana de los mandamientos de Dios, el propio Dios incumple sus preceptos y se comporta como un pésimo maestro. ¿Qué clase de justicia es esa?

Es uno de esos momentos en los que el creyente sienta a Dios en el banquillo y, por un momento, el siervo adquiere grandeza y dignidad por su osadía. Parece, incluso, que el conferenciante está a punto de rebelarse y mandar al cuerno a ese Dios atrabiliario y caprichoso cuyo sentido de la justicia no comprendemos. Por otro lado, si el origen del bien, del amor y de la justicia son divinos, ¿eso convierte en justas las muertes y el sufrimiento provocados por la catástrofe? ¿son justas por ser voluntad de Dios?

No quiero pensar que es cobardía, pero, finalmente, Dios se salva, gracias a ser el dios de las cosas o porque está en las cosas. La conclusión tiene un tufo panteísta y no acabo de entender qué quiere decir. Tal vez el pastor se refiere a que el concepto humano de justicia no va con Él y que su parsimonia indiferente es como la de mar o la del viento, que no son conscientes de lo que generan o de lo que destruyen … O quizá quiere decir qué a Él se debe la existencia de todo y, por tanto, no podemos pedirle cuentas porque abrevie la existencia de algunas de sus criaturas.

Todo me parece un intento de explicar el absurdo generando más absurdo. Las catástrofes suceden y sucederán y cuando nos preguntemos ¿por qué?, la naturaleza nos responderá ¿y por qué no?

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