Ateos morigerados

Hace unos meses, la fundación Santa María publicó los resultados de un estudio sobre los jóvenes, su conducta y sus valores. González-Anleo, sociólogo coordinador del estudio, se sorprende de que en los máximos niveles de justificación de conductas hedonistas-transgresoras no se encuentren los autodefinidos como ateos, sino los indiferentes y, en menos medida, los agnósticos. En el extremo de máximo rechazo para estas conductas se encuentra los religiosos practicantes, claro.

La tolerancia ante actitudes antisociales, insolidarias o irresponsables es consecuencia de una degradación de los preceptos morales tradicionales, pero también de una falta de preocupación por la ética. La postura de los que se declaran abiertamente ateos es menos tolerante porque son personas que han tenido que construir una ética al margen del precepto. Este ejercicio favorece la conducta responsable. Sin encambio el que es indiferente o poco religioso conoce las normas fijadas en los textos religiosos (se suelen saber los diez mandamientos por lo menos), pero los aspectos contradictorios del discurso religioso y el desprestigio de la institución religiosa han afectado también a la credibilidad de su discurso moral. El indiferente o el católico no practicante conoce sus obligaciones, pero sabe que dios es amor, que los pecados pueden ser perdonados y que siempre serán peores que él los que predican y después hacen lo que todos sabemos que hacen. Eso del debate ético lo deja para los profesionales. Para él la costumbre (siempre se ha hecho, lo hace todo el mundo) y la aceptación social (el qué dirán) son el criterio cotidiano para valorar la conducta propia y ajena.

Los antropólogos emplean los términos de conducta emic y conducta etic (y, sorprendentemente, están bastante cerca de estar acuerdo en el significado). Emic es la conducta que la sociedad manda observar a sus individuos por medio de sus normas, está relacionada con la religión y hasta, incluso, con la interpretación del Cosmos y su funcionamiento y etic es como se denomina a la conducta que observamos en realidad, lo que los individuos finalmente hacen, generalmente por imitación. Lo que puedes hacer sin ser castigado ni marginado.

La moral religiosa pretende hacerse pasar por un comportamiento ético, pero todos sabemos que no es ética, sino etic.  Un etic que ha entrado en crisis desde que los sacerdotes han perdido el enorme poder social que tenían. Porque antes, la transgresión de sus normas podía acarrearte muchos problemas, ahora ya no. Y el problema es que no hemos desarrollado una ética que lo sustituya.

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