El retorno de las brujas (Marvin Harris)

Marvin Harris opina que Mr Natural era un reaccionario (además de un farsante)

 

Reproduzco parte del capítulo 11 del libro Vacas, cerdos, guerras y brujas, escrito en 1974. Las negritas son mías.

Después de ser tildada de superstición y sufrir años de ridículo, la brujería ha vuelto como una fuente respetable de excitación. No sólo la brujería, sino toda clase de especialidades ocultistas y místicas, desde la astrología al Zen, pasando por la meditación, el Hare Krishna y el I Ching, un antiguo sistema chino de magia. Captando el espíritu de los tiempos, un libro de texto titulado Modern Cultural Anthropology alcanzó recientemente un éxito inmediato al declarar: “La libertad humana incluye la libertad de creer”.
El resurgimiento inesperado de actitudes y teorías consideradas durante largo tiempo como incompatibles con la expansión de la tecnología y la ciencia occidentales se asocia al desarrollo de un estilo de vida conocido bajo el nombre de contracultura. Según Theodore Roszak, uno de los profetas adultos del movimiento, la contracultura salvará al mundo de los mitos de la conciencia objetiva. Subvertirá el punto de vista científico del mundo y lo sustituirá por una nueva cultura en la que predominarán las capacidades no intelectivas. Charles A. Reich, otro profeta menor de los últimos tiempos, habla de un estado de ánimo milenario que denomina Conciencia III. Alcanzar la Conciencia III supone desconfiar profundamente de la lógica, la racionalidad, el análisis y los principios.
En el estilo de vida contracultural, son buenos los sentimientos, la espontaneidad, la imaginación; la ciencia, la lógica y la objetividad son malos. Sus miembros se jactan de huir de la objetividad como de un lugar habitado por la peste.
Un aspecto central de la contracultura es la creencia de que la conciencia controla la historia. La gente es lo que acontece en sus mentes; para que sea mejor, todo lo que hay que hacer es proporcionarle ideas mejores. Las condiciones objetivas cuentan poco. El mundo entero ha de ser alterado como consecuencia de una revolución de la conciencia. Todo lo que necesitamos hacer para detener el crimen, eliminar la guerra, vivir en paz y en armonía con nosotros mismos y la naturaleza es abrir nuestra mente a la Conciencia III. La conciencia es anterior a la estructura… todo el Estado corporativo sólo se asienta en la conciencia.
En la contracultura se estimula la conciencia para que se aperciba de sus potencialidades inexplorada. La gente de la contracultura realiza “viajes”-se “coloca”- para ampliar su mente. Utilizan marihuana, LSD, u hongos para “enrollarse”. Charlan, tienen encuentros o cantan para “flipar” con Jesús, Buda, Mao-Zedong.
La finalidad es expresar la conciencia, demostrar la conciencia, alterar la conciencia, ampliar la conciencia, todo menos objetivar la conciencia. Para los acuarios, pasotas y alucinados partidarios de la Conciencia III, la razón es una invención del complejo militar-industrial. Hay que acabar con ella lo mismo que con la “pasma”.
Las drogas psicodélicas son útiles porque permiten que las relaciones ilógicas parezcan perfectamente naturales. Son buenas porque, como dice Reich, hacen irreal lo que la sociedad toma más en serio: los horarios, las conexiones racionales, la competencia, la cólera, la autoridad, la propiedad privada, la ley, el status, la supremacía del Estado. Constituyen un suero de la verdad que expulsa la falsa conciencia. Quien ha alcanzado la Conciencia III no ‘conoce los hechos’. No tiene que conocerlos porque ‘conoce’ la verdad que parece ocultarse a los demás.
La contracultura celebra la vida supuestamente natural de los pueblos primitivos. Sus miembros llevan collares, cintas en la cabeza, se pintan el cuerpo y se visten con ropas andrajosas llenas de color; anhelan ser una tribu. Creen que los pueblos tribales no son materialistas, sino espontáneos, y se hallan en contacto reverente con fuentes ocultas de encantamiento.
En la antropología de la contracultura, la conciencia primitiva se resume en el chamán, una figura que tiene luz y poder pero que nunca paga los recibos de la luz. Se admira a los chamanes porque son expertos en cultivar estados de consciencia exóticos y en vagar entre los poderes ocultos del universo. El chamán posee superconciencia. Tiene ojos de fuego cuyas llamaradas se abren paso a través de la mediocridad del mundo y perciben los prodigios y terrores del más allá. Utilizando alucinógenos y otras técnicas como la autoasfixia, tambores hipnóticos y ritmos de danza, el chamán, según Roszak, cultiva su relación con las fuerzas no intelectivas de la personalidad tan asiduamente como un científico se adiestra en la objetividad.

Como ejemplo de mito contracultural, Harris examina el caso de Castaneda, autor de varios libros sobre un Chamán mejicano, Don Juan, y sus revelaciones inspiradas por los hongos alucinógenos. Sus libros pretendían ser antropológicos, pero ha quedado demostrado que eran pura ficción y que el supuesto chamán ni siquiera existió.

Castaneda fue un autor de mucho éxito que contribuyó a crear o, mejor dicho, a reforzar el mito del buen salvaje espirtual. El mito consiste en presentar el conocimiento de los brujos y chamanes como algo trascendente, relacionado con lo sobrenatural, cuando, en realidad, brujos y chamanes se dedican a solucionar problemas que no tienen nada de sobrenatural.
Por consiguiente, la superconsciencia chamánica no es sino la conciencia de las brujas considerada de modo favorable en un mundo que ya no se ve amenazado por la Inquisición. La realidad aparte previamente ignorada por los pueblos occidentales autosatisfechos de su objetividad hasta tal punto forma parte de la civilización occidental que apenas hace 300 años los objetivadores eran quemados en la hoguera por negar que las brujas podían volar.
En el primer capítulo, citaba la afirmación de que la expansión de la conciencia objetiva produce inevitablemente una pérdida de la sensibilidad moral. La contracultura y la Conciencia III se autorrepresentan como corrientes humanizadoras que buscan el restablecimiento del sentimiento, la compasión, el amor y la confianza mutua en las relaciones humanas. Encuentro difícil reconciliar esta postura moral con el interés expresado por la brujería y el chamanismo. Por ejemplo, Don Juan sólo puede ser descrito como amoral. Tal vez sepa cómo vagar entre los poderes ocultos del universo, pero no le preocupa la diferencia entre el bien y el mal en el sentido de la moralidad occidental tradicional. Sus enseñanzas están, de hecho, desprovistas de sensibilidad moral.

Don Juan es, para Harris un tecnócrata amoral, que se muestra insensible al sufrimiento ajeno porque este mundo no es más que apariencia y esas cosas nos distraen del objetivo, que es llegar a ser un hombre de conocimiento. Además, con el agravante de estar vendiendo mercancía manida. Como dice Harris, la realidad aparte de Don Juan no es extraña a los pueblos occidentales. Los “vuelos” de las brujas europeas se basaban en sustancias psicotrópicas parecidas (atropina).

Sostengo que es totalmente imposible subvertir el conocimiento objetivo sin subvertir la base de los juicios morales. Si no podemos saber con certeza razonable quién hizo qué cosa, cuándo y dónde, no podemos esperar proporcionar una descripción moral de nosotros mismos. Si no somos capaces de distinguir entre el criminal y la víctima, el rico y el pobre, el explotador y el explotado, debemos defender la suspensión total de los juicios morales, o adoptar la posición inquisitorial y considerar responsable a la gente de lo que hace en los sueños de los demás.
[…]
La contracultura realiza afirmaciones que se extienden mucho más allá de la supuesta conservación de la moralidad individual. Sus defensores insisten en que la superconsciencia puede transformar el mundo en un lugar más amistoso y más habitable; ven el rechazo de la objetividad como una manera políticamente eficaz de alcanzar una distribución equitativa de la riqueza, el reciclaje de los recursos, la abolición de las burocracias impersonales y la corrección de otros aspectos deshumanizados de las modernas sociedades tecnocráticas. Alegan que estos males provienen de las malas ideas que tenemos sobre el status y el trabajo. Si hacemos cesar nuestros intentos de presumir, y si dejamos de creer que el trabajo es un bien en sí mismo, ocurrirá la transformación revolucionaria sin necesidad de hacer daño a nadie. Como en un lugar de ensueño, podemos hacer una nueva elección siempre que estamos dispuestos a ello. El capitalismo, el Estado corporativo, la era de la ciencia, la ética protestante: todas estas cosas representan tipos de conciencia y pueden alterarse eligiendo una nueva conciencia. Todo lo que tenemos que hacer es cerrar nuestros ojos e imaginar que todos se han convertido en una Conciencia III: el Estado corporativo desaparece… El poder del Estado corporativo finalizará tan milagrosamente como un beso rompe el encantamiento maligno de un brujo.

Una conciencia tan desconectada de las realidades prácticas y mundanas es, de hecho, brujería más que política. La gente puede modificar su conciencia cuando así lo desee. Pero normalmente no lo desea. La conciencia está adaptada a condiciones prácticas y mundanas. Estas condiciones no se pueden imaginar dentro o fuera de la existencia a la manera en que un chamán hace aparecer y desaparecer jejenes de cien pies. Como he indicado antes en el capítulo sobre el potlatch, los sistemas de prestigio no se crean mediante vibraciones desde el espacio exterior. La gente aprende la conciencia del consumismo competitivo porque están constreñidos a actuar así por fuerzas políticas y económicas muy poderosas. Estas fuerzas sólo se pueden modificar mediante actividades prácticas enderezadas a cambiar la conciencia alterando las condiciones materiales de ésta.

Las buenas noticias de la contracultura referentes a la revolución mediante la conciencia no son ni nuevas ni revolucionarias. El cristianismo ha intentado realizar una revolución mediante la conciencia durante dos mil años. ¿Quién negará que la conciencia cristiana pudo haber cambiado el mundo? Sin embargo, fue el mundo quien cambió la conciencia cristiana. Si todos adoptaran un estilo de vida no competitivo, generoso, pacífico y lleno de amor, podríamos tener algo mejor que la contracultura, podríamos tener el Reino de Dios.

La política concebida según la imagen de la Conciencia III se realiza en la mente, no en el cuerpo. La conveniencia de este tipo de política para los que ya poseen riqueza y poder debe ser evidente. La reflexión filosófica de que la pobreza es, después de todo, un estado mental siempre ha sido fuente de confort para los que no son pobres. A este respecto, la contracultura simplemente presenta en una forma algo modificada el desprecio tradicional que los teóricos cristianos expresan por los bienes de este mundo. También la garantía de que nada acaecerá por la fuerza es tradicionalista y se sitúa dentro de la corriente principal de la política conservadora. La Conciencia III destruirá el Estado corporativo sin violencia, sin apoderarse del poder político, sin derrocar ningún grupo existente de personas. La contracultura jura atacar las mentes, no los beneficios del capital.
Por definición, la contracultura es el estilo de vida de la juventud alienada de clase media educada en la universidad. Están excluidos específicamente los que continúan velando las cenizas de la revolución proletaria y los jóvenes de color militantes. La esperanza de que la contracultura transforme la sociedad en algo que el ser humano pueda identificar como su hogar se basa en el hecho de que es un movimiento de la clase media. Lo que la hace tan importante es que un rechazo radical de la ciencia y los valores tecnológicos aparezca tan próximo al centro de nuestra sociedad, en vez de en los márgenes despreciables, que sean los jóvenes de clase media los que dirijan esta política de la conciencia.
[…]
Si el retorno de las brujas implicara entregar los laboratorios de física, química y biología a gente que desprecia la evidencia objetiva y el análisis racional, poco tendríamos que temer. El ejercicio de la libertad de creencias en el laboratorio sólo podría ser un inconveniente temporal hasta que los restos carbonizados de los experimentadores superconscientes fueran barridos junto con los escombros que originaran. Desafortunadamente, el oscurantismo aplicado a los estilos de vida no se autodestruye.
[…]
He mostrado en los capítulos anteriores que la conciencia profundamente mistificada es a veces capaz de galvanizar la disensión convirtiéndola en movimientos de masas efectivos. Hemos visto cómo formas sucesivas de mesianismo en Palestina, Europa y Melanesia canalizaron enormes impulsos revolucionarios que pretendían una distribución más justa de la riqueza y el poder. También hemos visto cómo la Iglesia y el Estado renacentistas utilizaron la locura de las brujas para encantar y confundir a los partidarios radicales de la comunidad.

¿Dónde encaja la contracultura dentro de este panorama? ¿Es una fuerza conservadora o radical? En su propia elaboración onírica la contracultura se identifica con la tradición de la transformación milenaria. Theodore Roszak afirma que la finalidad principal de la contracultura es proclamar un nuevo cielo y una nueva tierra, y, en su fase de formación, la Conciencia III reuniría muchedumbres de jóvenes disidentes en conciertos de rock y protestas contra la guerra. Pero incluso en la cumbre de su eficacia organizativa, la contracultura careció de los fundamentos del mesianismo. No tenía líderes carismáticos ni una visión de un orden moral bien definido. Para la Conciencia III el liderazgo es otro truco del complejo militar-industrial, y como he indicado hace un momento, un conjunto de fines morales bien definidos no se puede reconciliar con el relativismo amoral de chamanes como Don Juan.
El rechazo de la objetividad, el relativismo amoral y la aceptación de la omnipotencia del pensamiento hablan de la bruja, pero no del salvador. La Conciencia III presenta todos los síntomas clásicos de la elaboración onírica de un estilo de vida cuya función social es disolver y fragmentar las energías de la disensión. Esto debería haber sido claro por la gran importancia dada a hacer lo que le venga a uno en gana. No se puede hacer una revolución si cada uno hace lo que le da la gana. Para hacer una revolución todos deben realizar la misma cosa.

Así, el retorno de las brujas no es un simple capricho inescrutable. La moderna reaparición de la brujería tiene puntos claros de similitud con la locura medieval. Naturalmente hay muchas e importantes diferencias. Se admira a la bruja moderna mientras se teme a la bruja de antaño. Nadie en la contracultura quiere quemar a otro por creer o no creer en las brujas; Reich y Roszak no son Institor ni Sprenger; y la contracultura no se ha comprometido afortunadamente con ningún cuerpo específico de dogmas. Sin embargo, nos queda el hecho de que la contracultura y la Inquisición están hombro con hombro en la cuestión del vuelo de las brujas. Dentro de la libertad de creencia de la contracultura, las brujas son una vez más tan verosímiles como cualquier otra cosa. Esta creencia contribuye claramente a la consolidación o estabilización de las desigualdades contemporáneas merced a toda su inocencia alegra. Millones de jóvenes educados creen seriamente que la proposición de eliminar con besos al Estado corporativo como si fuera un encantamiento maligno es tan eficaz o realista como cualquier otra forma de conciencia política. Como su predecesor medieval, nuestra manía actual de las brujas embota y confunde a las fuerzas de la disensión. Como el resto de la contracultura, pospone el desarrollo de un conjunto racional de compromisos políticos. Y ésta es la razón por la que es tan popular entre los grupos más opulentos de nuestra población. Esta es la razón por la que ha vuelto la bruja.

Etiquetas: , , ,

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s


A %d blogueros les gusta esto: