¿El Cosmos está hecho para nosotros?

John Martin. Grabado de El Paraíso Perdido

Que el Sol dominando en el cielo se eleve sobre la tierra, o que la Tierra se eleve sobre el Sol; que el sol empiece en Oriente su abrasada carrera, o que la Tierra avance desde Occidente en silenciosa marcha, con inofensivos pasos, mientras que durmiendo sobre su eje suave se traslade blandamente con la atmósfera tranquila que la rodea; nada de esto debe darte cuidado, ni tienes para qué fatigar tu pensamiento con cosas tan ocultas; déjalas para el Dios de las alturas.

Rafael a Adán en El Paraíso Perdido. J. Milton.1667

Resulta intrigante esa pretensión del Gabriel… Olvida tus preguntas acerca del Cosmos, insignificante criatura, y conténtate con admirarlo. Ni siquiera le dice si es la Tierra la que gira o es el Sol. Supongo que el propio Milton debía tener sus dudas. Naturalmente, Gabriel no hizo más que excitar nuestra curiosidad y de la curiosidad nació la desobediencia.
Me ha venido a la memoria este pasaje del Paraíso Perdido cuando leía este interesante artículo sobre teología y cosmología, de Sean Carroll, un físico que tiene un blog muy ameno y comprensible.
La idea de una creación “para nosotros”, un Universo fabricado con la idea de proporcionar un hábitat a las criaturas de Dios, no cuadra con la inmensidad del cosmos y la apabullante cantidad de lugares inhabitables. Mirando hacia lo más pequeño, la estructura íntima de la materia padece la misma inflación. De todas las partículas elementales descubiertas, la mayoría no tienen la más mínima relevacia para la vida. Toda la materia del Universo parece estar hecha de dos tipos de quarks (arriba y abajo) y dos tipos de leptones (electrones y neutrino electrónico), así como varias partículas portadoras de fuerzas. Pero este patrón de quarks y leptones se repite tres veces: a los quarks arriba y abajo se suman cuatro tipos más, así como al electrón y su neutrino se le unen dos partículas tipo electrón y dos neutrinos más. Por lo que respecta a la vida, estas partículas son completamente superfluas. Todos los procesos que se observan diariamente en el Universo funcionarían igual sin esas partículas. ¿Por qué los contituyentes de la Naturaleza exhiben esa duplicaciones sin objetivo si las leyes de la naturaleza fueron concebidas pensando en la vida?
En las conclusiones de su artículo Carrol dice: ”Pensando como un buen científico y observando el mundo en que vivimos, ¿es más razonable una descripción del Universo materialista o teísta? Aunque no creo haber cambiado la opinión de nadie, espero que mi razonamiento haya quedado claro: Buscamos la comprensión de la realidad lo más completa, coherente y simple que sea posible. Por lo que actualmente sabemos del Universo, no parece haber ninguna razón como para invocar a Dios como parte de esa descripción. En todos los casos en los que Dios pueda haber parecido un hipótesis útil — por ejemplo para explicar las condiciones iniciales del Universo, o las inesperadas características de las partículas subatómicas — siempre hay explicaciones alternativas más sencillas que no requieren nada fuera de una descripción materialista. Puedo concluir que Dios sólo sirve para complicar las cosas y que la hipótesis debe rechazarse desde una lógica científica. Es una conclusión con una larga tradición, puesta al día por la cosmología moderna; pero la discusión, por supuesto, durará mucho aún.”

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