En contra de la familia

Siguiendo la recomendación de Harris, la investigación sobre las causas de nuestros modos de vida nos lleva a la objetivación de algunos asuntos. No es cierto que cada uno tenga “su verdad” y todo sea una cuestión de tolerancia. No, el problema es que hay gente que está mintiendo. Y hay que ser intolerantes con la mentira.

En el debate sobre homosexualidad y adopción se recurre a menudo a la supuesta autoridad científica de psiquiatras como Vallejo-Nájera, al que los homófobos citan como autoridad en la materia. Es el llamado “argumento de autoridad”. Pero no hay que dejarse impresionar.

Los psiquiatras del franquismo Antonio Vallejo Nágera (1888-1960) y Juan José López Ibor (1906-1991) fueron profesores en la Universidad Complutense de Madrid y autores de libros de texto destinados a la enseñanza de la psiquiatría y de la psicología médica. Sobre sus ideas “ambientalistas” que justificaban la separación y el robo de niños a las familias de rojos o la propuesta de crear una Inquisición científica que frenara la entrada de ideas extranjeras podéis leer algo aquí y aquí.

Estos y otros expertos de parecido pelaje han argumentado que el matrimonio homosexual supone un riesgo para los niños. Los pequeños criados por parejas homosexuales pueden sufrir secuelas y desviarse en su orientación sexual. Supongo que es a eso a lo que se refieren cuando dicen que está en peligro la familia.

El problema es que es mentira. Se pretende hacer pasar como información científica lo que no son más que prejuicios religiosos. Desde los ochenta diversas investigaciones han desmentido reiteradamente ese tópico reaccionario (Kirkpatrick, Smith, & Roy, 1981, Green et al. 1986, Flaks et al. 1995 y el amplísimo trabajo de Kurdek, 2006). No solo eso, sino que durante los noventa se publicaron varios trabajos que sostenían que las parejas homosexuales eran más competentes en la crianza de los hijos (Demo & Allen, 1996; Laird, 1994; Tasker & Golombok, 1995). Las diferencias son pequeñas y, finalmente, poco significativas, pero dan una medida de lo equivocados que pueden llegar a estar los poseedores de la verdad.

La solución católica a este problema venía siendo la de siempre: haz lo que quieras, pero no des escándalo. Acuéstate con quien te pida el cuerpo, pero con discreción, como se ha hecho siempre. Cásate, forma una familia y, si ves que no puedes más, siempre puedes ir a buscar algún chapero por ahí. Quizá tu párroco pueda informarte de horarios y precios. Dios te ama y ya encontrarás la manera de compensarle por tus pecados.

Si ya lo teníamos tan bien organizado ¿por qué no podemos seguir como hasta ahora? ¿Por qué hay que poner patas arriba la sociedad? Van a aparecer un montón de situaciones nuevas que no salen en los manuales de urbanidad. Porque vamos a ver…¿qué cara vamos a poner cuando nuestro hijo bese a su novio en público? ¿Cómo le explico yo a la portera que mi padre se va a casar con su compañero de petanca?

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