San Miguel de Unamuno, mártir

Unamuno es un cristiano sentimental, pero sin fe. Se muestra partidario de mantener la mentira de la religión por no afligir al hombre. Además, en la sociedad de su tiempo, la emancipación de las ideas religiosas era impensable, una excentricidad solo al alcance de una élite intelectual. Así que de su obra podemos rescatar el diagnóstico de nuestro mal, pero mantener la fe como tratamiento adormecedor contra el sentimiento trágico de la vida, hoy en día se nos antoja simple autoengaño. Creo que ya somos capaces de proponer soluciones más constructivas al drama de nuestra finitud.

Feurerbach proclamaba que no debíamos  avergonzarnos de nuestra finitud. Que todo lo que somos vaya a desaparecer con nosotros es la injusticia intrínseca de la vida. A Unamuno le entristecía hasta la desesperación, porque tenía un elevado concepto de sí mismo y se entristecía por él y por nosotros.

Estamos en esta página siempre dándole vueltas al problema del valor supremo de la verdad. Unamuno decía que debe buscarse la verdad en la vida y la vida en la verdad. El problema es que no hay vida en la verdad. San Manuel Bueno se decanta por la vida antes que por la verdad y hasta sospecha que Jesucristo tomó idéntica decisión.

Creo que no se trata de elegir. En un copo de nieve tampoco hay vida, pero no deja de ser hermoso.

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