Anima animalia

Uno de los aspectos que espero que un día me aclaren los creyentes es eso de si los animales tienen alma. A muchas señoras de misa dominical les entristece profundamente no encontrarse con sus mascotas en el más allá. Una eternidad con el difunto esposo puede hacerse muy larga sin esas carantoñas de Chuchi, tan entusiastas como desintereresadas. Que el cielo esté libre de gatos no nos sorprende porque son animales que siempre han ido a lo suyo, pero, ¿cómo van a quedar fuera los perritos, criaturas tan abnegadas, tan leales y tan nobles en sus afectos? El caso es que la Iglesia tiene colocado en cartel de “no se admiten perros” a la entrada de la Gloria y no parece que las cosas vayan a cambiar en los próximos siglos.

Si el perro supiese que no tiene alma, probablemente nos daría un mordisco

Creo que la pregunta es para todos los que creen en el alma, pero parece que los católicos son los que tienen el tema más trabajado. He consultado al teólogo de guardia y a la numeraria del Opus, pero mientras llega la respuesta he realizado alguna búsqueda por mi cuenta empezando por el siempre ameno Padre Feijoo.

En su discurso sobre la racionalidad de los brutos Feijoo se aproxima al problema poniendo en solfa la opinión de los cartesianos, que piensan que los animales son máquinas animadas. Descartes, equiparó los animales a los autómatas, aunque en cierta ocasión, la reina de Suecia le dió un buen corte porque le dió dos relojes y le dijo: “pues consiga que estos dos tengan descendencia” (Descartes debió decir “touché”). Ya en tiempos de Feijoo, Descartes estaba pasado de moda (eso dice él) y el mecanicismo había sido derrotado. Feijoo explica que los animales tienen un alma animal que es entre material y espiritual, como los vegetales tienen una alma vegetativa, porque la materia por sí sola, según el tomismo, no tiene actividad ni capacidad de sentir. Puestos a imaginar entes entre lo sólido y lo etéreo, pienso yo que las piedras quizá tengan alma mineral, los sellos, alma postal y las garrafas, alma garrafal.

Parece que Fray Benito usaba el término espíritu para agrupar y nominar todo lo que se ignoraba. Procesos bioquímicos, fisiológicos, neurológicos … todo eso cabía holgadamente dentro de la palabra “alma”. Feijoo se recrea en contarnos una buena retahíla de sucesos asombrosos protagonizados por animales que demuestran que estos tienen las tres potencias del alma; vegetativa, sensitiva y racional según Santo Tomás o memoria, entendimiento y voluntad según San Buenaventura. Se haga el despiece del alma como se haga, los animales poseen lo mismo que posee el hombre en mayor o menor grado.

Pero ahora ¿en qué ha cambiado el panorama? A Feijoo le molestaría comprobar que, de derrota en derrota, el mecanicismo ha llegado bastante entero hasta nuestros días. Ha habido muchas e importantes aportaciones a este problema por parte de la neurobiología (más bien mecanicistas). Por parte de la teología ha habido más bien pocas.

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