Idealistas al poder

Esta mujer recoje agua en clave materialista… y así le va

Que el mundo está en manos de idealistas es una de esas verdades que la gente se resiste a creer. Pero eso se debe a una simplificación bobalicona de los conceptos materialismo e idealismo que padecemos desde que vamos a la escuela. Toda la vida nos han dicho que el materialismo es el causante de las guerras e injusticias del mundo. Los materialistas no piensan más que en ellos mismos y carecen de espiritualidad. No en vano el marxismo es un materialismo. Por eso el Papa y el Dalai Lama lo advierten con su proverbial profundidad de conceptos: materialismo-malo, materialismo-caca.

A mí me cuesta creer que la noche de San Bartolomé, el Holocausto o el 11-S estuvieran perpetrados por materialistas. Me parece más bien que los que promovieron esas matanzas eran personas muy espirituales o que estaban persuadidas por la filosofía idealista. Pero eso puede ser un defecto de mi materialismo, porque los que padecemos esta discapacidad mental, además de egoístas, somos cortos de miras y no sabemos ver la verdad detrás de las apariencias.

Así que, asumiendo mis limitaciones, llamaré su atención sobre un fenómeno que ha descrito F. Kaufman en libros y artículos: cómo la comida ha dejado de ser real para convertirse en un ente ideal. Lo próximo será el agua, un líquido que quita la sed, que moja y que hierve a 100 ºC se convertirá en algo mucho más abstracto en manos del mercado.

Los idealistas dicen que lo que no se percibe o no es objeto de la Razón, no existe. Es una idea absurda, pero que no repugnaría a muchos economistas. Están acostumbrados a pensar que dinero es aquello-que-la-gente-usa-como-dinero. Incluso que la mera circulación del dinero ya crea riqueza. Claro que es una riqueza tan ideal como el dinero que la impulsa. Será riqueza mientras la gente considere que es riqueza.

La historia de la economía es la historia de la sustitución de bienes y servicios reales por convenciones y entes ficticios, que a su vez son sustituidos por nuevos entes ficticios. Así pasamos del oro al papel moneda y de estos a las obligaciones y las tarjetas de crédito. Al final, los que no entendemos de economía contemplamos como el tiempo de nuestra vida se convierte en números en una cuenta corriente, un plan de pensiones, una hipoteca, un seguro y no sé cuántas cosas más que no sabemos muy bien dónde están.

La raíz del mal la identificó Agustín García Calvo: El futuro. El futuro es la muerte. Todos nuestras renuncias y sacrificios son a cambio de futuro. El futuro es un timo (“piense en su porvenir, joven”). Ahora que el futuro está devaluado mucha gente se siente engañada.

Y los que se lucran en el mercado de futuros (¿cabe combinación de palabras más siniestra?) ahora van camino de crear un mercado del agua que va a matar a la gente de sed, como ya los mataron de hambre con sus maniobras especulativas con los granos básicos.

Mi única venganza es que la mayoría de esos idealistas vive peor que yo. Les dejo, que me voy a buscar setas. Cosas de materialistas.

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