Papel rancio (o no tanto)

Hace unos años compré en el rastro este libro: La riqueza pesquera de España y las cofradías de Pescadores (1940)

la-riqueza-pesqueraDentro de esta horrorosa portada se recopilan dos conferencias del marqués de Valterra, capitán de fragata, que fue Director General de Pesca en la posguerra (perdón por el verso). Nadie mejor que un almirante de Marina para gestionar la pesca, debió pensar el Generalísimo. Además el hombre tenía cualidades: en el libro cuenta que cuando era niño se emocionó muchísimo la primera vez que contempló el cuadro de Sorolla “Y luego dicen que el pescado es caro”, así que hay poco que objetar al nombramiento. El hombre se lamenta de que buena parte de la flota de pesca se haya exiliado en Gran Bretaña y Francia por esa manía que tienen los malos españoles de no dejarse fusilar. Le explica a una España hambrienta que hay en Francia 212 barcos de pesca españoles y que, aunque vale más honra sin barcos que barcos sin honra, con menos barcos se pesca menos. 

Sus aportaciones para solucionar los problemas sociales del sector pesquero son variopintas. Una de ellas es bastante singular. Propone crear “casas del pescador” para que los pescadores no anden por esos bares, contaminándose de las ideas revolucionarias de otros sectores profesionales. Para atraerlos  a tales instituciones propone que en ellas se sirva vino del bueno (al menos al principio). Ya nos imaginamos que la decoración de tales locales estaría fácilmente solucionada a base de aparejos marineros colgando de las paredes.

El marqués se recrea en las instituciones medievales que se formaron alrededor de la actividad pesquera. Efectivamente, las cofradías, el equivalente pesquero de los gremios, suponían una forma de ejercer una pequeña cuota de poder económico para los profesionales. Pero sobre todo eran guardianas de las tradiciones religiosas y ofrecían innumerables misas, ofrendas y procesiones.

Pero lo más escalofriante del libro es el descarado antisemitismo de vieja raigambre católica que brota y florece en varios lugares del texto:

En algunas ordenanzas de Cofradías de pescadores, particularmente en el País vasco -recordamos haber leído un caso en Motrico-, incluso se prohibía a los judíos y a sus descendientes formar parte de ellas, se disponía que al descubrirse algún caso se les echase y se les azotase si regresaban. Se velaba en estos burgos marineros por la pureza de la sangre y buenas costumbres.

Con esto demostraban que seguían los consejos de la gran reina Isabel la Católica ¡Cómo se ha engolfado la leyenda negra contra esta sabia disposición! Han sido necesarios más de cuatro siglos y medio para que las naciones más adelantadas de Europa, al copiar tan excelentes medidas, nos hayan dado la razón del acierto de aquella orden.¡Más vale tarde que nunca! (se refiere a las leyes racistas de Nurenberg promulgadas por los nazis en 1935).

Perseguir y azotar a los descendientes de judíos…¡qué hermosas costumbres de antaño! Semejante personaje, que tanto se emocionaba con un cuadro, habría sido un eficiente colaborador en la deportación de los judíos españoles a los campos de exterminio, si las cosas hubiesen ido de otra manera.

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