Dragones y antropólogos

EEgansugial viejo Yurrumendi, un extraño inventor de fantasías, le dijo a Zelayeta que aquella cueva era un antro  donde se guarecía una gran serpiente con alas, la Egan-suguia. Esta serpiente tenía garras de tigre, alas de buitre y cara de vieja. Andaba de noche haciendo fechorías, sorbiendo la sangre de los niños, y su aliento era tan deletéreo que envenenaba.

Desde que supimos esto, la cueva nos imponía algún respeto. A pesar de esto, yo propuse que quemáramos la maleza del interior. Si estaba la Egan-sugia se achicharraría, y si no estaba, no pasaría nada. A Recalde no le pareció bien la idea. Así se consolidan las supersticiones.

Pio Baroja. Las inquietudes Shanti Andía

La lectura de este pasaje de la novela me ha movido a buscar alguna información sobre la mitología vasca.  Básicamente había una diosa madre y una diosa de la tierra (Ama-Lur), que engendraban al Sol y la Luna y otros muchos dioses y criaturas. Hay dioses más modernos, de origen indoeuropeo, como Urtzi, que es el equivalente vasco de Zeus, y monstruos como el que inspira la historia de Egan-sugia, que debe ser una versión local de Erensuge o Sugaar.

He encontrado en la Wikipedia un enlace a la Enciclopedia Auñamendi, con un texto, no muy bien escrito, la verdad, de Josu Larrinaga en el que, sin venir mucho a cuento, se leen las clásicas y ya cansinas comparaciones entre la ciencia y la religión en el que se viene a decir que ser científico es poco menos que ser un fanático religioso.

La cosa no mejora cuando consultamos la Wikipedia. En la entrada matriarcalismo vasco leemos un buen montón de afirmaciones vagas, ambiguas y de marcado sabor posmoderno. Así nos enteramos que, en el cuadro categorial de los tipos ideales weberianos, el tipo Matriarcal-Natura (=vasco) es oral-asuntivo, mientras que el patriarcal-racionalismo es anal-agresivo.

Me fascina comprobar que en la red es posible encontrar explicaciones inteligibles del entrelazamiento cuántico o de los números transfinitos, pero no del matriarcalismo vasco. Los físicos hacen un esfuerzo por hacerse entender, mientras que algunos antropólogos parece que se esfuerzan en lo contrario. Yo pienso, como los ilustrados, que el conocimiento debe divulgarse y que con inteligencia y creatividad puede divulgarse cualquier cosa. La divulgación de la ciencia es una obligación moral que, por desgracia, la mayoría de científicos descuidan.

Espero sinceramente, que los antropólogos abandonen este paradigma especulativo y pedante y adopten enfoques más objetivos, como el de Harris, por ejemplo, que por lo menos dice cosas comprensibles y, en muchos casos hasta demostrables empíricamente. Eso es lo que hay que hacer para hacer de la antropología una ciencia y para no consolidar supersticiones.

 

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