Archive for the ‘Contra la mala filosofía’ Category

Mano torpe

16 junio 2016

ManoHace unos meses la revista científica PLoS-ONE publicó un artículo de unos científicos chinos sobre la evolución de la mano humana que llamó mucho la atención porque contenía una frase desconcertante: “la mano humana es una prueba del misterio de la Creación” y mencionaba al “Creador” en varios lugares del texto. La revista ha publicado una disculpa por lo que es un error grave del sistema de revisión de los artículos. Los supuestos creacionistas chinos explican el escándalo de la mano. Fue todo una mala traducción del término “naturaleza” al inglés.

Los religiosos seguramente considerarán que esto es poco menos que una censura y que se está prohibiendo expresar los sentimientos religiosos al autor de una investigación. Secularismo agresivo.

Y en cierto modo es así. El proceso de revisión científica es una sucesión de censuras y cortapisas a la expresión de los autores del artículo. Los revisores, si quieren hacer bien su trabajo, deben poner especial cuidado en censurar y exigir que se reescriban o se eliminen todos aquellos elementos del texto que son opiniones no demostradas. Las especulaciones deben quedar fuera de un trabajo científico. Especular es un derecho, pero no en una publicación científica, para eso está la hoja parroquial.

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Un poco de teoría de la bondad

27 noviembre 2015

Bien-y-mal

Como soy ateo, carezco de un mandato divino respecto a cómo he de comportarme. No es tan grave si tenemos en cuenta que lo que mandan las escrituras cristianas, musulmanas o judías es una colección de ambigüedades, arbitrariedades y absurdos inaplicables.

Para solucionar este antiguo problema existe una parte fundamental de la filosofía que se llama ética. Así que ya está todo discutido desde hace siglos, pero, por si le sirve a alguien, he encontrado el siguiente resumen de las grandes líneas de pensamiento respecto a la ética en Geuras D., Garofalo C.,  2011 Ethics in Public Administration. Management concepts. USA. Me ha quedado un poco largo. Se siente.

(more…)

Algoísmo

31 octubre 2014

Hay gente que cree en Dios pero no cree en los curas. A mí me pasa al revés. Yo creo en los curas, pero no creo en Dios. Pero es que los curas existen, …los he visto.

Hay mucha gente que no es católica ni protestante ni nada, pero creen en algo. Su credo podría resumirse en la frase “…algo hay”.

Vamos a explicar a los algoístas que más vale que se conviertan al catolicismo romano o al islam, porque el algoísmo es una religión tan superficial y tan mal trabada que viene a ser la marca blanca de las creencias.

Aquí identificaremos cuáles son los puntos fundamentales de su credo (ésa es la parte difícil) y los refutaremos sin demasiada dificultad. Para ello imaginaremos que el algoísta hace un ejercicio de sinceridad.

EL CREDO ALGOÍSTA (con su refutación resumida)

  1. Las cosas no pueden surgir de la nada. Algo tiene que haber. La ciencia no lo sabe todo. (No entiendo nada y me da pereza estudiarlo)
  2. Todo el mundo tiene una religión. El escepticismo y el realismo científico también son religiones (Todo el mundo fantasmea como yo)
  3. La ciencia, en el fondo, también dice que algo hay. Los últimos avances en física cuántica demuestran el algoísmo (Voy a darte un argumento que yo tampoco entiendo)
  4. No es posible que todo acabe con la muerte. Está claro que es solo un cambio de dimensión (Prefiero no pensar seriamente en ese asunto. Cualquier fantasía me vale)
  5. Si no hay nada, la gente no tendría principios y todo el mundo se dedicaría al libertinaje (Si pierdo la fe, aléjate de mí porque en el fondo soy un cabrón)
  6. No hago daño a nadie. Hay que respetar las creencias de los demás (¿No tienes nada mejor que hacer?… déjame tranquilo, sabihondo de mierda)

Dragones y antropólogos

23 mayo 2014

EEgansugial viejo Yurrumendi, un extraño inventor de fantasías, le dijo a Zelayeta que aquella cueva era un antro  donde se guarecía una gran serpiente con alas, la Egan-suguia. Esta serpiente tenía garras de tigre, alas de buitre y cara de vieja. Andaba de noche haciendo fechorías, sorbiendo la sangre de los niños, y su aliento era tan deletéreo que envenenaba.

Desde que supimos esto, la cueva nos imponía algún respeto. A pesar de esto, yo propuse que quemáramos la maleza del interior. Si estaba la Egan-sugia se achicharraría, y si no estaba, no pasaría nada. A Recalde no le pareció bien la idea. Así se consolidan las supersticiones.

Pio Baroja. Las inquietudes Shanti Andía

La lectura de este pasaje de la novela me ha movido a buscar alguna información sobre la mitología vasca.  Básicamente había una diosa madre y una diosa de la tierra (Ama-Lur), que engendraban al Sol y la Luna y otros muchos dioses y criaturas. Hay dioses más modernos, de origen indoeuropeo, como Urtzi, que es el equivalente vasco de Zeus, y monstruos como el que inspira la historia de Egan-sugia, que debe ser una versión local de Erensuge o Sugaar.

He encontrado en la Wikipedia un enlace a la Enciclopedia Auñamendi, con un texto, no muy bien escrito, la verdad, de Josu Larrinaga en el que, sin venir mucho a cuento, se leen las clásicas y ya cansinas comparaciones entre la ciencia y la religión en el que se viene a decir que ser científico es poco menos que ser un fanático religioso.

La cosa no mejora cuando consultamos la Wikipedia. En la entrada matriarcalismo vasco leemos un buen montón de afirmaciones vagas, ambiguas y de marcado sabor posmoderno. Así nos enteramos que, en el cuadro categorial de los tipos ideales weberianos, el tipo Matriarcal-Natura (=vasco) es oral-asuntivo, mientras que el patriarcal-racionalismo es anal-agresivo.

Me fascina comprobar que en la red es posible encontrar explicaciones inteligibles del entrelazamiento cuántico o de los números transfinitos, pero no del matriarcalismo vasco. Los físicos hacen un esfuerzo por hacerse entender, mientras que algunos antropólogos parece que se esfuerzan en lo contrario. Yo pienso, como los ilustrados, que el conocimiento debe divulgarse y que con inteligencia y creatividad puede divulgarse cualquier cosa. La divulgación de la ciencia es una obligación moral que, por desgracia, la mayoría de científicos descuidan.

Espero sinceramente, que los antropólogos abandonen este paradigma especulativo y pedante y adopten enfoques más objetivos, como el de Harris, por ejemplo, que por lo menos dice cosas comprensibles y, en muchos casos hasta demostrables empíricamente. Eso es lo que hay que hacer para hacer de la antropología una ciencia y para no consolidar supersticiones.

 

Dios padece omnipotencia

9 abril 2013

No sé si Dios está muerto como decía Nietzsche, pero creo que hace tiempo que no se encuentra bien. Uno de sus problemas de salud más graves es la omnipotencia. La omnipotencia puede parecer algo muy ventajoso, pero tiene algunos efectos paradójicos, que hacen las delicias de los preguntones fastidiosos:

-¿Puede Dios crear una piedra tan pesada que ni Él pueda levantarla?

-Dios lo ve todo, pero ¿podría crear algo invisible para Él?

-¿Podría Dios crear un lugar fuera de su alcance?

-¿Podría crear un acertijo tan difícil que ni Él pudiera resolverlo?

-¿Podría Dios calentar un burrito en el microondas tanto que ni Él pudiera comérselo? (Homer Simpson).

Todo ello se suma a otras discapacidades más ramplonas de la cuales podemos citar dos:

-Dios no es capaz de regenerar miembros amputados. Cura cualquier enfermedad, pero parece que tiene algo personal contra los mancos y los cojos.

-Es incapaz de acuñar dinero (George Carlin)

Monumento

11 marzo 2013

Monumento

Me ha salido otro chiste ontológico. Eso de tratar la existencia como si fuera una cualidad más produce efectos cómicos. Quizá la risa sea la mejor refutación del argumento ontológico.

Para Dios, ¿tres y dos son necesariamente cinco?

26 febrero 2013

¿Para Dios, tres y dos son necesariamente cinco o puede tomar alguna decisión al respecto?

Para Kant, la coherencia interna de las matemáticas era tan sólida y profunda que hasta el mismísimo Dios estaba obligado a obedecerla. La omnipotencia divina no tenía poder contra las reglas de la aritmética.

Para muchos teístas, las matemáticas son una prueba del orden del Cosmos y el orden sólo puede surgir de la inteligencia divina. O sea, no es que Dios no pueda, es que no le sale.

La mayoría de matemáticos, que se sentían incómodos con este problema, se adhirieron al consecuencialismo. Que tres más dos sea cinco es una consecuencia de haber aceptado inicialmente una serie de reglas que constituyen la base de la aritmética. Los números y sus propiedades se derivan de esas reglas.

Podemos construir enunciados a partir de estas reglas formales, como el teorema de Pitágoras, por ejemplo. Si lo he entendido bien, el número de expresiones formales que se pueden construir con un serie finita de símbolos y funciones, como las que se emplean en aritmética, es decir, todo lo que podemos construir con unas variables x, y, z…, combinándolas con los símbolos matemáticos, es infinito, pero es un infinito numerable.

Sin embargo el número de subconjuntos de N que podemos hacer es también infinito, pero es un infinito no numerable.

Los infinitos no son todos iguales, los hay más grandes y más pequeños. De esta diferencia de tamaño de los infinitos extrajo Gödel su teorema de la incompletitud, que viene a decir que todos los enunciados que podemos construir con un conjunto de reglas son infinitos, pero es un infinito más grande que el que forman los enunciados demostrables. Por esta vía, el teorema demuestra que existen proposiciones que no son demostrables ni refutables.

Muchos teístas lo interpretan como una buena noticia. No entiendo todavía por qué. Quizá en ese margen que demostró Gödel se refugia la libertad divina. Quizá porque implica que la matemática no puede librarse de postulados indemostrables y eso les resulta familiar.

En fin, dos y tres siguen siendo cinco de momento. Si dios cambia de opinión, esperemos que nos lo haga saber antes de la próxima declaración de la renta.

Orden alfabético y teología

8 febrero 2013

18_filosofiaLeemos en el volumen de Historia de la Filosofía de la Enciclopedia del Estudiante Santillana (dirigida por Emilo Lledó Íñigo) esta descripción de la Enciclopedia de Diderot:

En cierto modo, la Enciclopedia, ordenada alfabéticamente, es el nuevo planteamiento del viejo deseo del hombre de pronunciar las palabras mágicas de Dios, capaces de entregar el conocimiento de todos los seres y, por tanto, su dominio. (…) Sin saberlo quizá los ilustrados, la idea de un saber total, ordenado en un libro y al servicio del hombre, un saber que imitara el saber de Dios, procedía en último extremo de la teología.

Me llama la atención lo barata que les resulta la especulación a los intelectuales posmodernos. Su capacidad para advertir intenciones que se le habían escapado a todo el mundo es asombrosa. De un plumazo hemos convertido la enciclopedia y el enciclopedismo en un ejercicio de superstición comparable a la lectura de la cábala o a la creación del Golem.

Supongo que cualquier diccionario, o enciclopedia, o la Wikipedia misma también pueden considerarse poseídas del mismo afán religioso (sin saberlo… en cierto modo… inconscientemente… ponga aquí su locución adverbial favorita).

Movido por la envidia, yo también buscaré las intenciones inconfesables del que redactó este texto. He decidido que se trata de una persona cargada de prejuicios religiosos (sin saberlo… de algún modo… ). Como le resulta imposible defender el discurso religioso, lo único que puede hacer es desprestigiar todos los discursos que lo contradigan. Y qué mejor argumento para desprestigiar una obra que tacharla de religiosa.

Idealistas al poder

10 noviembre 2012

Esta mujer recoje agua en clave materialista… y así le va

Que el mundo está en manos de idealistas es una de esas verdades que la gente se resiste a creer. Pero eso se debe a una simplificación bobalicona de los conceptos materialismo e idealismo que padecemos desde que vamos a la escuela. Toda la vida nos han dicho que el materialismo es el causante de las guerras e injusticias del mundo. Los materialistas no piensan más que en ellos mismos y carecen de espiritualidad. No en vano el marxismo es un materialismo. Por eso el Papa y el Dalai Lama lo advierten con su proverbial profundidad de conceptos: materialismo-malo, materialismo-caca.

A mí me cuesta creer que la noche de San Bartolomé, el Holocausto o el 11-S estuvieran perpetrados por materialistas. Me parece más bien que los que promovieron esas matanzas eran personas muy espirituales o que estaban persuadidas por la filosofía idealista. Pero eso puede ser un defecto de mi materialismo, porque los que padecemos esta discapacidad mental, además de egoístas, somos cortos de miras y no sabemos ver la verdad detrás de las apariencias.

Así que, asumiendo mis limitaciones, llamaré su atención sobre un fenómeno que ha descrito F. Kaufman en libros y artículos: cómo la comida ha dejado de ser real para convertirse en un ente ideal. Lo próximo será el agua, un líquido que quita la sed, que moja y que hierve a 100 ºC se convertirá en algo mucho más abstracto en manos del mercado.

Los idealistas dicen que lo que no se percibe o no es objeto de la Razón, no existe. Es una idea absurda, pero que no repugnaría a muchos economistas. Están acostumbrados a pensar que dinero es aquello-que-la-gente-usa-como-dinero. Incluso que la mera circulación del dinero ya crea riqueza. Claro que es una riqueza tan ideal como el dinero que la impulsa. Será riqueza mientras la gente considere que es riqueza.

La historia de la economía es la historia de la sustitución de bienes y servicios reales por convenciones y entes ficticios, que a su vez son sustituidos por nuevos entes ficticios. Así pasamos del oro al papel moneda y de estos a las obligaciones y las tarjetas de crédito. Al final, los que no entendemos de economía contemplamos como el tiempo de nuestra vida se convierte en números en una cuenta corriente, un plan de pensiones, una hipoteca, un seguro y no sé cuántas cosas más que no sabemos muy bien dónde están.

La raíz del mal la identificó Agustín García Calvo: El futuro. El futuro es la muerte. Todos nuestras renuncias y sacrificios son a cambio de futuro. El futuro es un timo (“piense en su porvenir, joven”). Ahora que el futuro está devaluado mucha gente se siente engañada.

Y los que se lucran en el mercado de futuros (¿cabe combinación de palabras más siniestra?) ahora van camino de crear un mercado del agua que va a matar a la gente de sed, como ya los mataron de hambre con sus maniobras especulativas con los granos básicos.

Mi única venganza es que la mayoría de esos idealistas vive peor que yo. Les dejo, que me voy a buscar setas. Cosas de materialistas.

El piloto

26 octubre 2012

Nina Simone canta a la libertad de ser dueño de tu cuerpo. A veces sucede que perdemos esa libertad y esta pérdida, para los que no creemos en el alma, es morir parcialmente mucho antes de la muerte definitiva. Es difícil hacerse a la idea porque todos arrastramos un mito cultural muy arraigado: El alma, el personaje narrativo protagonista de la película de nuestra vida.

En Occidente el alma es el yo, nuestro carácter y nuestra memoria. Este personaje, además de eterno e indivisible, es indestructible, no admitimos la idea de que pueda ser fragmentado o erosionado por la enfermedad. La enfermedad es algo que le pasa al cuerpo, pero el alma sobrevive siempre y siempre está por ahí, en algún sitio, a salvo de las heridas y el desgaste de la materia. El alma viene a ser el piloto de la máquina. Tiene su puesto de pilotaje en algún lugar del cerebro y allí controla la memoria, el entendimiento y, sobre todo, la voluntad. Descartes ya se imaginó a este personaje a los mandos de la nave; incluso localizó el puesto de mando en la glándula pineal.

Tolstoi, en el preámbulo a la séptima parte de Guerra y Paz, escribe contra aquél que cree que la voluntad es producto de la fisiología del sistema nervioso: “aunque me lo demuestre como dos más dos son cuatro no le creeré porque yo ahora puedo alargar la mano y no alargarla”. El movimiento se demuestra andando y la existencia del alma estirando la mano cuando me parezca. A Tolstoi no le cabía en la cabeza que la fisiología pudiera explicar ese acto libérrimo.

La neurobiología nos ha descubierto un cerebro con áreas especializadas en aspectos parciales del análisis de la información, el procesamiento y el control de los músculos. Grandes asambleas de neuronas que se coordinan o se descoordinan dependiendo de nuestro estado de vigilia o incosciencia.

Recuerdo que intentaba explicarle a alguien el apasionante proceso de análisis de la información visual que ha investigado Crick (el del ADN) y mi interlocutor no parecía demasiado impresionado. Me dijo: “es simplemente la transformación de la imágen en señales eléctricas, los ojos son como una cámara y hay un televisor en el cerebro”. Vale, pero la pregunta es ¿quién está viendo el televisor? La neurobiología de la visión humana tiene un objetivo más profundo que consiste en analizar en qué consiste ese “ver el televisor” y el resultado es que no hay un protagonista último. La información no se concentra en un punto, sino que diferentes aspectos de la imágen (el color, el movimiento, los patrones regulares, la inclinación del horizonte…) se analizan por separado en grandes áreas extensas que dispersan, a su vez la información a otras muchas áreas… No hay ningún puesto de mando. El cerebro funciona sin piloto y una de sus propiedades es la de crear la ficción del piloto.

Para los creyentes incondicionales en el mito del alma, el estado vegetativo es un drama de incomunicación. En algún lugar del cerebro el alma, el piloto, está pelándose con unos mandos averiados. Mientras intenta desesperadamente hacer funcionar los controles, en el exterior unos materialistas perversos y sin principios están planeando matarlo. Los enemigos de la eutanasia intentan deliberadamente que la gente confunda el estado vegetativo con el síndrome del cautiverio.

Es contra ese mito cultural contra lo que tienen que luchar los infelices que abogan por la desconexión de la máquina que mantiene vivo a un ser querido. El marido de Schiavo, o el padre de Eluana deben combatir contra los consumidores de un mito novelesco que acompañan su ignorancia con un pueril afán justiciero y se creen con derecho a llamarles asesinos por la calle.