Posts Tagged ‘antisemitismo católico’

Papel rancio (o no tanto)

18 enero 2014

Hace unos años compré en el rastro este libro: La riqueza pesquera de España y las cofradías de Pescadores (1940)

la-riqueza-pesqueraDentro de esta horrorosa portada se recopilan dos conferencias del marqués de Valterra, capitán de fragata, que fue Director General de Pesca en la posguerra (perdón por el verso). Nadie mejor que un almirante de Marina para gestionar la pesca, debió pensar el Generalísimo. Además el hombre tenía cualidades: en el libro cuenta que cuando era niño se emocionó muchísimo la primera vez que contempló el cuadro de Sorolla “Y luego dicen que el pescado es caro”, así que hay poco que objetar al nombramiento. El hombre se lamenta de que buena parte de la flota de pesca se haya exiliado en Gran Bretaña y Francia por esa manía que tienen los malos españoles de no dejarse fusilar. Le explica a una España hambrienta que hay en Francia 212 barcos de pesca españoles y que, aunque vale más honra sin barcos que barcos sin honra, con menos barcos se pesca menos. 

Sus aportaciones para solucionar los problemas sociales del sector pesquero son variopintas. Una de ellas es bastante singular. Propone crear “casas del pescador” para que los pescadores no anden por esos bares, contaminándose de las ideas revolucionarias de otros sectores profesionales. Para atraerlos  a tales instituciones propone que en ellas se sirva vino del bueno (al menos al principio). Ya nos imaginamos que la decoración de tales locales estaría fácilmente solucionada a base de aparejos marineros colgando de las paredes.

El marqués se recrea en las instituciones medievales que se formaron alrededor de la actividad pesquera. Efectivamente, las cofradías, el equivalente pesquero de los gremios, suponían una forma de ejercer una pequeña cuota de poder económico para los profesionales. Pero sobre todo eran guardianas de las tradiciones religiosas y ofrecían innumerables misas, ofrendas y procesiones.

Pero lo más escalofriante del libro es el descarado antisemitismo de vieja raigambre católica que brota y florece en varios lugares del texto:

En algunas ordenanzas de Cofradías de pescadores, particularmente en el País vasco -recordamos haber leído un caso en Motrico-, incluso se prohibía a los judíos y a sus descendientes formar parte de ellas, se disponía que al descubrirse algún caso se les echase y se les azotase si regresaban. Se velaba en estos burgos marineros por la pureza de la sangre y buenas costumbres.

Con esto demostraban que seguían los consejos de la gran reina Isabel la Católica ¡Cómo se ha engolfado la leyenda negra contra esta sabia disposición! Han sido necesarios más de cuatro siglos y medio para que las naciones más adelantadas de Europa, al copiar tan excelentes medidas, nos hayan dado la razón del acierto de aquella orden.¡Más vale tarde que nunca! (se refiere a las leyes racistas de Nurenberg promulgadas por los nazis en 1935).

Perseguir y azotar a los descendientes de judíos…¡qué hermosas costumbres de antaño! Semejante personaje, que tanto se emocionaba con un cuadro, habría sido un eficiente colaborador en la deportación de los judíos españoles a los campos de exterminio, si las cosas hubiesen ido de otra manera.

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Raza y religión en el tercer reich

11 julio 2013

DeaconMagazine

En el capítulo 12 del primer volumen de Mein Kampf Hitler explica que su movimiento es una resurrección nacional. Para ello las masas necesitan fe, no conocimiento. Por tanto, la propaganda debe ser primitiva, llegar al corazón y electrizar a las masas, no hacerlas reflexionar.

La resurrección de una raza porque, para Hitler, la Historia de la Humanidad era la historia de la lucha de razas, en la que se cuenta cómo unas esclavizan a otras y cómo una, la elegida, está llamada a gobernar el Mundo.

No es extraña la idea para quien ha escuchado desde niño que los judíos eran la raza elegida y que, por negar a Jesucristo, pasaron a ser la raza maldita. Así que el puesto de raza elegida estaba vacante. Ahora la nueva raza elegida por Dios era la raza aria, que estaba llamada a salvar al mundo del comunismo.

La organización destinada a regir los destinos de la raza elegida debía poseer un espíritu fanático e intolerante, a imitación del primer cristianismo. “La grandeza del cristianismo no estuvo en intentar negociaciones de compromiso con otras opiniones filosóficas similares del mundo antiguo, sino en su inexorable fanatismo al predicar y pelear por su propia doctrina.” dice Hitler en Mein Kampf.

Semejante discurso no sonaba mal a oídos de los católicos. Entre los muchos ejemplos de connivencia entre católicos y nazis podríamos recordar que después de la anexión de la católica Austria, Hitler quiso legitimar la operación (el Anschluss) convocando un referéndum entre los austriacos. Contó con el apoyo decidido de la Iglesia católica y la Evangélica, que urgieron a sus fieles para que votaran a favor de la anexión como “una obligación nacional”. Parece que los únicos arios católicos que se opusieron fueron la familia Trapp, que a pesar de su excepcionalidad protagonizaron una ficción “made in Hollywood” con la que los austriacos podían lavar su imagen.

Para poner las cosas en su contexto hay que pensar que las leyes de Nuremberg contra los judíos llevaban dos años y medio funcionando eficazmente. Hitler encontraría muy pocos Trapp entre los católicos austriacos. Encontró sobre todo colaboradores muy eficaces para su proyecto de limpieza racial.

Hitler católico

16 febrero 2012

El otro día lo hice… Creo que no me vio casi nadie; pero bueno, me da igual, el caso es que lo hice. Fui a una biblioteca y saqué Mein Kampf.

Me interesan los orígenes católicos del antisemitismo nazi y todas las referencias al discurso hitleriano que he leído son de segunda mano. Sin embargo, la idea de comprar el libro y tenerlo en casa me producía cierto desasosiego (o sea, super mal rollo), así que recurrí a la biblioteca. De la lectura, más bien intento, he sacado las siguientes conclusiones:

  • El libro es un rollo macabeo, un mamotreto. No hay plan de la obra. Está todo bastante desordenado y salta de un tema a otro de forma caprichosa.
  • Hay continuas referencias a la política de actualidad (de actualidad en los años veinte) con muchos nombres y sucesos que no me dicen nada.
  • Va pasando alternativamente de la diatriba a la arenga cuartelera. No se aportan datos, ni referencias, ni testimonios para el análisis de los hechos. Toda polémica queda zanjada con un:”Yo opino así, el que opine como yo, que me siga, y si no, que se atenga a las consecuencias”. Vamos, que es un poquillo fascista.
  • El antisemitismo es una obsesión enfermiza. Los judíos y sus maldades salen casi en cada página. Como prueba para sus argumentaciones, aquí Hitler sí que aporta algo; cita el libro “Los protocolos de los siete Sabios de Sión“, una fabulosa superchería pergeñada probablemente por la policía zarista para justificar los pogroms. Se trata de una falsificación tan burda que para creer en su autenticidad hace falta ser previamente un antisemita. Un antisemitismo que no surge mágicamente de la nada. Hitler lo aprendió en su casa, en la escuela y en la iglesia. El resto es una historia muy larga de encuentros y desencuentros entre los nazis y el El Vaticano, aunque la actitud papal siempre fue muy comprensiva hacia aquél católico austriaco, tan aficionado a los gestos autoritarios.

Esta linda escena, con el niño Jesús (rubio, por supuesto) en brazos de su madre, la pintó Hitler.

  • No he encontrado ninguna frase en el libro que denote ateísmo o descreimiento. Por el contrario, declara en innumerables ocasiones su fe en Dios, porque, en contra del lugar común que con tanto éxito han propagado los cristianos, Hitler no era ateo. Considera que la erradicación de la raza semita es una misión que Dios ha encomendado al pueblo alemán.
  • Por lo demás, Hitler desconfía de la gente que piensa. Los intelectuales (la intelligentsia, los llama él) deben decidirse por un compromiso patriótico claro. Si son alemanes deben denunciar la conspiración judía o, si no, es que son ciegos o traidores. Para Hitler no tiene sentido debatir sobre la sociedad del futuro. Lo que será su nueva Alemania ya lo irá decidiendo sobre la marcha. No se trata ahora de ponerse a discutir sobre cómo va a ser la fiscalidad, o los planes de estudio. Al pueblo hay que darle gestos, consignas, metáforas poderosas, no datos ni propuestas técnicas. La victoria es para los que siguen a un líder, no para los que siguen una idea.

El Evangelio sirvió de inspiración al católico Goebbels, el creador de la marca Hitler y autor de la estrategia de comunicación del partido nacionalsocialista. Para él, el mensaje político debía seguir el ejemplo del Sermón de la Montaña. Jesucristo no explicó nunca los fundamentos del cristianismo. Se dirigió a sus contemporáneos con frases sencillas y metáforas poderosas. El líder no debe hablar sobre organización social, derechos o leyes… no es conveniente ofuscar el mensaje con asuntos tan concretos que, además, suponen compromisos para el líder y su partido. Un discurso basado en imágenes y en parábolas deja un gran margen de maniobra. Eso lo saben todos políticos de nuestro tiempo, que parecen seguir el manual de Goebbels en lo que a propaganda se refiere. Juanjo Millás contaba que no podía evitar que en su mente surgiera una de esas imágenes poderosas cuando escuchaba a Sarkozy decir: “creo en una Francia en la que los alumnos se levantan cuando entra el profesor”. Rajoy lo intentó con su niña, aunque con resultados más bien patéticos. Bien mirado, mejor así.