Posts Tagged ‘Biblia’

Richard Dawkins en defensa de la Biblia

3 noviembre 2016

En Reino Unido quieren que haya una Biblia en todas las bibliotecas escolares. Entre la lista de personalidades que apoyan la iniciativa hay un nombre inesperado: Richard Dawkins

Por si a estas alturas hay alguien que todavía no sabe quién es, Richard Dawkins es “el papa ateo”. Un científico brillante, autor de uno de los libros sobre la evolución más reeditados, “el gen egoísta”; pionero en la simulación informática de los procesos evolutivos y conocido por dejar repetidamente en ridículo a los creacionistas en cualquier debate en el que cometan el error de hablar de ciencia. Es un ateo militante y ha creado la fundación que lleva su nombre, desde donde ha impulsado iniciativas en defensa de la libertad de conciencia y contra la injerencia religiosa en las leyes y en nuestras vidas.

A pesar de que es abiertamente contrario a la religión en las escuelas, Richard Dawkins considera increíble que no haya ya un ejemplar de la Biblia en cada biblioteca escolar (¿qué tienen en su lugar? ¿Harry Potter?). Es una obra fundamental para entender nuestra historia y nuestra cultura. Cientos de expresiones cotidianas proviene de la Biblia. No es posible comprender la historia del arte sin la biblia y la mitología griega. En resumen, tienes que conocerla si no quieres ser un patán.

Pero hace una puntualización acerca del papel moral del libro, porque alguien ha sugerido que leerla servirá para que los chicos sepan que es lo correcto. Dawkins opina que eso es un disparate y la mejor prueba proviene de la propia lectura de la biblia. Porque, afortunadamente es ilegal e inmoral vender a tu hermana, aunque lo diga el Deuteronomio.

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El texto y su contexto

25 marzo 2011

Es un lugar común de los occidentales seducidos por el Corán atribuir las frases más intolerantes del libro al ambiente bélico en el que fueron escritas. Si en el capítulo dedicado al reparto del botín (tema edificante donde los haya), en el verso 12 se lee: Cuando vuestro Señor inspiró a los ángeles: «Yo estoy con vosotros. ¡Confirmad, pues, a los que creen! Infundiré el terror en los corazones de quienes no crean. ¡Cortadles el cuello, pegadles en todos los dedos!», según estos pre-conversos al Islam, se trata de una execración que debe ponerse en su contexto. Había una guerra religiosa y los seguidores de Mahoma eran los más débiles, sólo una fuerte exhortación contra los enemigos podía darles la victoria.

Debe señalarse una contradicción evidente en este tipo de argumentos. O bien el libro es circunstancial, narrativo, y limitado a un contexto histórico o bien (como sostienen los creyentes) es un mensaje universal y para todos los tiempos. Un mensaje o un mandato, o es circunstancial o es universal. Quiere decir que hay que hacer eso EN ESAS CIRCUNSTANCIAS o, por contrario que hay que hacerlo SIEMPRE.

Los religiosos resuelven la contradicción decidiendo por su cuenta cuando se trata se trata de un mensaje del primer tipo o del segundo, decisión que depende de sus simpatías personales o de sus intenciones en ese momento. El fanático bíblico también hace su lectura sesgada: La intolerancia hacia la homosexualidad es un mensaje universal, está en la Biblia y punto. Sin embargo, la tolerancia de la Biblia hacia la esclavitud es algo circunstancial que está en desuso y así debe permanecer. ¿No podríamos hacer que la homofobia bíblica también pasase a ser uno de esos mandatos en desuso, como lapidar a los adúlteros?

Un ejemplo de este tipo de lectura sesgada hacia lo benevolente es la de Lesley Hazelton, una  periodista que habla del Corán a un público culto occidental. Para ella, los mensajes intolerantes son circunstanciales y no debemos hacerles caso. Los mensajes que exaltan la humildad, la paz, y el respeto a los demás son universales. Así lo ha decidido ella. Sin embargo, nos consta que otros lectores hacen lecturas diferentes.

El novelista portugués Jose Rodrigues dos Santos, saca otras conclusiones de la lectura: “Durante la investigación, me di cuenta de que la hipótesis más probable es que el verdadero islam es de los fundamentalistas. Seguir al pie de la letra la vida de Mahoma y el Corán lleva a la violencia”.

Sí, ya sé que este señor sólo es un novelista, pero sus conclusiones respecto a los textos sagrados del Islam son tan válidas como las de la señora Lesley. No existe un lectura correcta del Corán, como no existe un lectura correcta de ningún libro. Hay tantas lecturas como lectores y el mismo lector verá cosas diferentes en el mismo libro según sea el estado de ánimo con el que se acerque a él. Pero hojeando el Corán podemos encontrar con facilidad una voz agresiva, la de un líder militar que quiere vencer a los que no le creen, hacerlos esclavos o someterlos como ciudadanos de segunda. Así que me parece irresponsablemente ingenuo a estas alturas repetir el mantra de que “los fundamentalistas son unos ignorantes que no conocen el Corán… con más formación religiosa evitaremos el fundamentalismo”. Falso, los fundamentalistas conocen a la perfección el texto, lo recitan de memoria y son capaces de sostener un debate con cualquier experto y apabullarlo a base de citas. ¿La suya es verdaderamente la lectura correcta? Pues tan correcta o tan incorrecta como cualquier otra.

Por esa razón su predicamento en sociedades como la magrebí es potencialmente destructivo, porque son sociedades empobrecidas y arrojadas a la periferia de la civilización por causas principalmente económicas. La religión contribuyó al adormecimiento del mundo islámico a partir del Renacimiento, acabó con el pensamiento y con la economía a la vez que cegó a los creyentes con la venda de la soberbia. Cuando un magrebí reflexiona sobre el precario estado de su sociedad, pocas veces piensa en el nefasto papel de la religión. Es frecuente que te hable de sus tiempos de gloria, cuando tenían científicos y matemáticos importantes, y que de ahí pase directamente al imperialismo europeo del XIX y a la conspiración judeo-norteamericano-israelí, que es la culpable de todos sus males. Ni rastro de autocrítica, el culpable es el infiel.

Moraleja: Sería deseable mantener esos libros alejados de los intolerantes, de los resentidos, de los soberbios, de los incultos, de los estúpidos y de los niños.

Dios y el CO2

24 octubre 2010

Los cavernícolas del Tea Party consideran que el cambio climático es, por supuesto, una mentira comunista y que las regulaciones sobre la contaminación son contrarias a los mandatos bíblicos. No sólo las sociedades islámicas están impregnando de religión todos los aspectos de la vida, las sociedades blancas, cristianas y occidentales están haciendo lo mismo. En su contribución al choque de civilizaciones, los norteamericanos del “cinturón bíblico” están proponiendo su propia revolución talibán. Gravar las emisiones con alguna tasa podría ser blasfemia y luego ya se sabe que la cólera divina no distinguirá entre honrados contaminadores y ecologistas degenerados.
Lo más escalofriante es que una de las webs más conocidas y consultadas sobre el cambio climático se dedica a refutar los argumentos bíblicos del Tea Party con más citas bíblicas. No se puede decir que el debate esté ganando en nivel técnico. En el anaquel de libros sobre el cambio climático tendremos que colocar, al lado del informe del IPCC, la sagrada Biblia, por si nos hace falta entresacar una cita. Tiene razón Obélix: Estos norteamericanos están majaretas.

Lecturas poco recomendables

6 mayo 2009

Si existen cinco vías para creer en Dios, para dejar de creer existen por lo menos tres, a saber: La via dolorosa, la que recorren aquellos maltratados por la fortuna, los que sienten que la vida es una sucesión de atropellos e injusticas, los que han sido defraudados y utilizados por sus guías espirituales… Es la de aquellos que sientan a Dios en banquillo de los acusados (“¿Por qué permites esto?”) y es una vía que me alegro de no haber recorrido durante demasiado trecho porque he tenido la suerte de no haber experimentado nunca el verdadero infortunio. Además es un camino que se interna en terreno de los sentimientos; tiene más que ver con sentirse triste que con un verdadero razonamiento. Es probable que la fe perdida regrese con el buen humor.

Luego está la via escatológica, que es con mucho la que más derechamente nos llevará al ateísmo (y sin posibilidades de retorno). Pero de ésa hablaremos otro día. Y por último está la vía antropológica, para la que Feuerbach sería el mejor acompañante, y que empieza a caminarse cuando sentimos interés en profundizar en los textos y las tradiciones religiosas y que va convirtiéndose en una antropología crítica. El que la transita acaba sospechando que la Biblia no enseña nada sobre Dios, sino sobre los hombres que la escribieron.

El farmacéutico de “Madame Bovary”, contaminado de ideas liberales, opinaba en la tertulia, para incomodar al cura, que la Biblia era un libro inconveniente, lleno de detalles picantes y cosas atrevidas

-Usted convendrá en que ese no es libro para ponerlo en manos de una joven…

-¡Pero son los protestantes y no nosotros- exclamó el cura impaciente- quienes recomiendan la Biblia!

Pues a pesar de la promesa de los presuntos detalles picantes y cosas atrevidas, la Biblia resulta un lectura farragosa. Abundan, como suele suceder con textos tan antiguos, las incoherencias producto de un copy-paste descuidado, las enumeraciones interminables, las genealogías… hay poca acción y la descripción psicológica de los personajes es pobre y desconcertante. Los que reconocemos su interés antropológico y cultural pero no logramos pasar de los tres versículos estamos en deuda con Sir James George Frazer, uno de los padres de la antropología, autor de “La rama dorada”. En español hay editada una recopilación de los capítulos de esa magna obra (doce volúmenes) dedicados a los mitos bíblicos. El libro se titula “El Folklore en el Antiguo testamento” (F.C.E.1981). Es difícil leerlo y conservar la fe… Estáis avisados.

Uno de los capítulos que más me sorprendió fue el que hace referencia a los diez mandamientos. “No cocerás el cabrito en la leche de su madre”, se titula. Trata sobre la primera versión de los diez mandamientos, tal como aparece en el Éxodo, cap. 34. Se trata de un decálogo que sorprende, como subraya Frazer, por ser completamente amoral:

1.- No adorarás a otro Dios

2.- No te fabricarás dioses de fundición

3.- Todo primer nacido es mío

4.- Seis dias trabajarás, pero el séptimo descansarás

5.- Guardarás la fiesta de los ácimos del mes de Abib

6.- Celebrarás la fiesta de las semanas, de las primicias de la siega del trigo y la fiesta de la recolección al tornar el año.

7.- No ofrecerás junto con pan fermentado la sangre de mi sacrificio

8.- No guardarás hasta la mañana siguiente la grasa del sacrificio de la fiesta de Pascua

9.- Traerás las primicias de tu tierra a la casa de Yahvé

10.- No cocerás el cabrito en la leche de su madre

Parece que este decálogo fue modificado y ciertamente mejorado en un versión “moral” que es la que todos hemos aprendido. Frazer cree que la versión moral es más moderna porque la tendencia general de la civilización es la que cree en la superioridad de la moral sobre el ritual. Así sea…

El sacrificio de Isaac

23 mayo 2008

Caravaggio retrató as� a Abraham cuando iba a degollar a su hijo

En la Biblia abundan las historias soporíferas, sin embargo, tiene algunos momentos de interés. El sacrificio de Isaac es un momento estelar que nos permite vislumbar la mentalidad de los autores del pasaje. En este caso la brutalidad del pastor, que sólo ve la muerte de un hijo como una pérdida material de la que Dios le repondrá con creces multiplicando sus ganados y su descendencia. Por entonces Dios premiaba al contado y en especie, con ganados y cosechas y cosas así, aún no ofrecía la eternidad, quizá porque no estaba inventada todavía.
Abraham me recuerda al padre de la película Padre padrone, que era Omero Antonutti. Un hombre endurecido por los elementos y acorazado ante la extrema fragilidad de la vida, sobre todo de la vida de los niños. Sólo hoy, cuando la muerte de un hijo es una tragedia poco frecuente, hemos desarrollado un amor paternal sufriente y entregado hacia nuestros vástagos. El Dios caprichoso y atrabiliario del antiguo testamento recibiría una higa por respuesta si nos ordenara matar a nuestro hijo.