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El día del orgullo ateo

2 septiembre 2008

Ha llegado a este blog una iniciativa proveniente de México para promover un día de “salida del armario” de los ateos. Un día del “orgullo ateo”. La iniciativa es necesaria y acertada, pero me parece que hay mucho trabajo por hacer: El manifiesto que circula con la propuesta está lleno de faltas de ortografía y de sintaxis y no me parece una buena carta de presentación para los ateos. Creo que es fundamental comenzar por elaborar un manifiesto más corto, más sencillo, dirigido a toda la sociedad y que evite las provocaciones tipo “las religiones son una mierda”. Ese mensaje sólo va a congregar a los cuatro marginales con ganas de bronca de siempre.

Me da igual quién escriba el manifiesto, pero que lo escriba bien y que deje claras simplemente estas tres cosas:

-Que los ateos no somos amorales. Simplemente creemos que los normas morales emanan de la propia humanidad y de la razón. Una ética basada en el respeto a los demás y al planeta, sin premios ni castigos, sin mandatos divinos, es moralmente superior a la cualquier código de conducta religioso. Sócrates o Espinosa son mejores referentes que Jesucristo o Mahoma.

-Negamos el derecho de los padres a aleccionar a los hijos dentro de los preceptos de una religión. No existe tal derecho, los hijos tienen derecho a ser más libres y tener más información que sus padres. El hacer participar a niños en ceremonias religiosas en las que incluso se les mutila es un atentado contra los derechos de la infancia. Participar en ceremonias religiosas y someterse a sus prácticas es un decisión que deben tomar adultos libres.

-Finalmente, los ateos de verdad hace tiempo que hemos aceptado que no hay más vida que ésta y por eso la consideramos tan valiosa. La vida eterna es una mentira útil; ha servido para que millones de personas pudieran sobrellevar una existencia miserable. Sin embargo provoca que se desprecie la verdadera vida y lleva a la gente a matar y a matarse. Esa es la principal razón por la que en un mundo cada vez más pequeño las religiones corren el riesgo de convertirse en una amenaza para la convivencia.

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