Posts Tagged ‘Feijoo’

Anima animalia

22 mayo 2012

Uno de los aspectos que espero que un día me aclaren los creyentes es eso de si los animales tienen alma. A muchas señoras de misa dominical les entristece profundamente no encontrarse con sus mascotas en el más allá. Una eternidad con el difunto esposo puede hacerse muy larga sin esas carantoñas de Chuchi, tan entusiastas como desintereresadas. Que el cielo esté libre de gatos no nos sorprende porque son animales que siempre han ido a lo suyo, pero, ¿cómo van a quedar fuera los perritos, criaturas tan abnegadas, tan leales y tan nobles en sus afectos? El caso es que la Iglesia tiene colocado en cartel de “no se admiten perros” a la entrada de la Gloria y no parece que las cosas vayan a cambiar en los próximos siglos.

Si el perro supiese que no tiene alma, probablemente nos daría un mordisco

Creo que la pregunta es para todos los que creen en el alma, pero parece que los católicos son los que tienen el tema más trabajado. He consultado al teólogo de guardia y a la numeraria del Opus, pero mientras llega la respuesta he realizado alguna búsqueda por mi cuenta empezando por el siempre ameno Padre Feijoo.

En su discurso sobre la racionalidad de los brutos Feijoo se aproxima al problema poniendo en solfa la opinión de los cartesianos, que piensan que los animales son máquinas animadas. Descartes, equiparó los animales a los autómatas, aunque en cierta ocasión, la reina de Suecia le dió un buen corte porque le dió dos relojes y le dijo: “pues consiga que estos dos tengan descendencia” (Descartes debió decir “touché”). Ya en tiempos de Feijoo, Descartes estaba pasado de moda (eso dice él) y el mecanicismo había sido derrotado. Feijoo explica que los animales tienen un alma animal que es entre material y espiritual, como los vegetales tienen una alma vegetativa, porque la materia por sí sola, según el tomismo, no tiene actividad ni capacidad de sentir. Puestos a imaginar entes entre lo sólido y lo etéreo, pienso yo que las piedras quizá tengan alma mineral, los sellos, alma postal y las garrafas, alma garrafal.

Parece que Fray Benito usaba el término espíritu para agrupar y nominar todo lo que se ignoraba. Procesos bioquímicos, fisiológicos, neurológicos … todo eso cabía holgadamente dentro de la palabra “alma”. Feijoo se recrea en contarnos una buena retahíla de sucesos asombrosos protagonizados por animales que demuestran que estos tienen las tres potencias del alma; vegetativa, sensitiva y racional según Santo Tomás o memoria, entendimiento y voluntad según San Buenaventura. Se haga el despiece del alma como se haga, los animales poseen lo mismo que posee el hombre en mayor o menor grado.

Pero ahora ¿en qué ha cambiado el panorama? A Feijoo le molestaría comprobar que, de derrota en derrota, el mecanicismo ha llegado bastante entero hasta nuestros días. Ha habido muchas e importantes aportaciones a este problema por parte de la neurobiología (más bien mecanicistas). Por parte de la teología ha habido más bien pocas.

Anuncios

El dolor de Ramon Llull

14 octubre 2009

Allí estaban los discípulos de Raimundo Lulio, volteando unas ruedas, con las que pretendían en breve tiempo acaudalar todas las ciencias.

Diego Saavedra. República Literaria


Los discípulos, a una orden suya, echaron mano de unos mangos de hierro…, y dándoles una vuelta rápida, toda la disposición de las palabras quedó cambiada…cuando encontraban tres o cuatro palabras juntas que podían formar parte de una sentencia las dictaban a los escribientes…

J. Swift. Los viajes de Gulliver.



Beato

Creative Commons License

Es triste que nuestro más interesante filósofo sea un perfecto desconocido. Cuando nos explicaron la historia de la Filosofía en el Instituto no nos hablaron ni una palabra de él.

Ramon Llull, tal como lo define A. Bonner, era un pensador religioso de frontera. Su principal objetivo era la conversión de los musulmanes. Pero su fama se debe a que se enzarzó en una batalla contra el averroísmo, que por entonces triunfaba en la Universidad de París.

Para los averroístas fe y razón eran independientes, de manera que lo que puede ser verdadero para la fe puede ser falso para la razón. Hoy en día podemos encontrar posmodernos que defienden cosas parecidas, como si el pensamiento cayera repetidamente en ese trastorno de personalidad múltiple, así que no me sorprende que Ramón Llull reaccionase. Él defendió que todo lo real es racional, es decir, que la religión verdadera debe ser demostrable y, por tanto, la conversión del infiel debe ser posible sin la revelación, la tradición o los textos porque de otra manera Dios estaría siendo injusto con aquellos que se condenan por no conocer el cristianismo. Los infieles castigados al  infierno sin ni siquiera saber de la palabra de Jesús le dolían como la evidencia de una arbitrariedad. Un juez que castigase a un niño por no ser sabio sería un juez injusto; por tanto, un hombre sabio y atento debería poder llegar a la fe verdadera simplemente contemplando el mundo y al hombre. Sólo el insensato puede rechazar lo que se muestra claramente como verdadero. Castigar a un insensato contumaz ya no parece tan injusto y, de paso, Dios no resulta un juez tan atrabiliario.

Ramon Llull se retira a la montaña a orar y a hacer vida contemplativa y recibe la iluminación. Encuentra, escritos en las hojas de un arbusto, los fundamentos de una lógica-metafísica con la que construir un lenguaje universal para uso de los predicadores. Gracias a su método es posible demostrar la existencia de Dios, la Trinidad, la creación, el pecado original, la encarnación, la resurrección, la ascensión, el juicio final… en fin, todo. Y no sólo las verdades de fe, sino que cualquiera de las siete ciencias se vuelve sencilla para el profano, porque todo el conocimiento no es más que el resultado de la combinación de los atributos de Dios y las propiedades de los elementos y las criaturas. En su sistema, operaciones matemáticas de combinatoria generan la multiplicidad de los procesos y las relaciones.

Pero no parece que muchos infieles se convirtieran gracias a este complejo andamiaje lógico. El doctísimo padre Feijoo, ya en el XVIII, despreció completamente su obra y descartó que pudiera sacarse de ella ninguna utilidad. Le parece que pocos o ninguno la entienden, y los que la entienden, después de inmensos trabajos, no llegan a aprender nada digno de aprecio. Tampoco cree lo de la iluminación divina porque el sistema no se ha usado en cuatro siglos y le parece increíble que una ciencia revelada por Dios “esté en la iglesia tan ociosa”. Al poco de decirlo en una de sus cartas eruditas, se vio inmerso en una agria polémica con los defensores del doctor iluminado, que por esa época todavía eran bastantes. Agria, porque usó de citas de Bacon, un hereje, para refutar a Llull y por entonces eso era casi heterodoxo y, por tanto, peligroso. Así que el padre Feijoo tiene que extenderse en explicar que la Santa Inquisición permite citar a herejes siempre que no sea en materias de fe. Por cierto, que sus Cartas Eruditas y Curiosas y el Teatro Crítico están disponibles en la red y constituyen una lectura entretenidísima y provechosa. Se la recomiendo a todo el mundo.

El método luliano fue quedando arrinconado y resulta un poco anacrónico leer la entusiasta defensa que hace de él Menéndez Pelayo en la Historia de los Heterodoxos Españoles. Acusa a Feijoo de no habérselo leído y lo considera plenamente ortodoxo, aunque las acusaciones de Feijoo no iban por ahí.

Ramon Llull fue acusado de herejía por pretender explicar el misterio. Sin embargo, pienso yo, si el misterio no tiene explicación, nadie debería ser castigado por no creérselo. Llull no se resigna ante el misterio; su mensaje es optimista hasta la ingenuidad: podemos llegar a entender.

Nota para madrileños: Por favor, cualquier pronunciación es preferible a “iul”, incluso la castellanización “Lulio” es más soportable. Gracias.