Posts Tagged ‘islamofobia’

Islamófobos del año (a título póstumo)

12 marzo 2015

La Islamic Human Rights Comission ha concedido el premio al islamófobo del año a la revista Charlie Hebdo. He tenido que verlo para creerlo, al principio pensaba que era un hoax islamófobo, pero no…

El argumento es que la revista Charlie Hebdo es parte de una estrategia de marginación y alienación contra los musulmanes similar a la que los nazis desarrollaron para poder exterminar a los judíos alemanes.

Entre los defensores de la sensibilidad musulmana tenemos al papa Francisco y a los diarios New York Daily News y al británico The Telegraph, que mostraron un exquisito tacto pixelando la cara de Mahoma en las fotografías que ilustraban la noticia de la matanza.

Yo no quisiera ser tachado de islamófobo y voy a intentar aportar soluciones para asegurarnos de que estas ofensas a la sensibilidad musulmana no se repitan. Creo que, a la vista de las consecuencias, la censura previa es lo más operativo. Tal vez habría que crear una comisión de ulemas que revisase las publicaciones y otorgase algo parecido al nihil obstat. El NY Daily News, el Telegraph e incluso el papa Francisco y la institución que representa, con su dilatada experiencia en censura religiosa, podrían prestar una colaboración muy valiosa.

Así los defensores del islam no tendrían que recurrir a asesinato, que siempre da muy mala imagen.

Otra vez los islamófobos

12 mayo 2010

Islamófobo rehuyendo el debate

De nuevo la profesora Luz Gómez García nos advierte del peligro de la islamofobia. No se preocupa de definir el término y sospecho que islamófobo puede ser cualquiera que no se sienta conmovido ante la llamada del muecín. Hay un par de perlas que entresaco de su alegato que entristecerán y preocuparán a cualquiera que defienda de las libertades fundamentales en Europa y en el Mundo.

“Frente a la práctica pietista y privada de sus mayores, los jóvenes musulmanes reclaman un islam que no se arredre en la esfera pública“. Cuando las religiones reclaman su dimensión social hay que ir pensando en pedir asilo político. Así es como denominan a su intención de imponer sus preceptos y convertirlos en leyes. Es algo que ya ha pasado en Reino Unido en asuntos de derecho privado, pero que los islamistas esperan extender a otros terrenos. Por ejemplo, parece que la solución al conflicto de las caricaturas de Mahoma pasa por hacer leyes contra la blasfemia.

“Si (los miedos) cuajan en una islamofobia triunfante, triunfarán a su vez formas de militancia islámica agresivas”. Puede sonar razonable: la intolerancia engendra intolerancia. Es una pena que sea mentira. La profesora Gómez se olvida de que el fundamentalismo es un fenómeno recurrente en el Islam. Las oleadas fundamentalistas son una constante en su historia. No nos necesitan para enloquecer. También hay ejemplos actuales que demuestran el carácter endógeno del fundamentalismo: En Indonesia avanza la Sharia, y es un país en el que las leyes han protegido siempre al islam; pero el resultado es que florece el integrismo más fanático. El integrismo saudí no se conforma con ejercer sus bárbaras normas dentro de sus fronteras. Se exporta a todo el mundo. Y el wahabismo, ¿es una consecuencia de la islamofobia?

A más tolerancia, menos terrorismo. Es una ecuación que hemos oído alguna vez y algunos opinanamos que se trata de una mentira interesada y un chantaje. 

Las oleadas fundamentalistas son una constante en la historia de las sociedades musulmanas, entre otras cosas porque siempre habrá quienes interpreten el Corán de forma intolerante (a mi juicio, el texto se presta bastante bien a este tipo de lectura). Es ingenuo pensar que la tolerancia va a volver demócratas a los intolerantes. Para ellos las libertades democráticas son algo útil, pero que no tienen la más mínima intención de respetar. La prueba es que allí donde tiene el poder no lo hacen.

Luz Gómez, además, repite el consabido soniquete de “es culpa de la prepotencia occidental”, sabedora de nuestra tradición de autoflagelarnos (herencia de nuestra educación cristiana). En occidente tenemos mucha afición a culpabilizarnos de lo que hicieron nuestros antepasados. Esta capacidad de autocrítica es inexistente en las sociedades islámicas; en Turquía es tabú hablar del genocidio armenio; los saudíes no han hecho nunca la más mínima autocrítica de su mercado de esclavos que provocó millones de muertos para satisfacer la demanda de esclavas sexuales en Arabia. Nuestras aficiones autoculpabilizadoras resultan, a ojos de los islamistas, una de tantas excentricidades de estos occidentales degenerados.

Expertos islamiarios contra islamófobos esclarecidos

23 septiembre 2009
Islamófobo agrediendo, además sin saber árabe clásico

Islamófobo agrediendo, además sin saber árabe clásico

Si habéis conseguido leer el título entonces estáis preparados para leer El discreto encanto de la islamofobia, artículo publicado en El País del sábado pasado.

Luz Gómez García, profesora de Estudios árabes e islámicos, dice que se está satanizando al Islam como consecuencia de la secularización del pensamiento occidental (me pregunto, con cierto mosqueo, cuál será la alternativa a esta secularización). Parece que ser islamófobo es “de buen tono” entre los “humanistas de salón”. No sé en que mundo vive o qué ambientes frecuenta, pero a mi me parece que el paternalismo multiculturalista está mucho mejor visto. Quizá ella o yo deberíamos cambiar de salón.

La experta nos dice que es difícil distinguir entre la legítima crítica y la agresión contra los musulmanes. Pues, efectivamente debe ser difícil porque ella no lo consigue.

Por lo que he llegado a entender, con bastante esfuerzo porque la autora es de aquellos profesores (he sufrido a varios) que no consideran una obligación expresarse con claridad, el problema es que le hemos colgado al Islam la etiqueta de “políticamente incorrecto”.

La dimensión social del Islam, que pretende fundamentar las normas sociales en los textos sagrados, no es que atente contra lo políticamente correcto, sino contra los Derechos Humanos. No estoy diciendo que todos los musulmanes sean partidarios, pero su religión sí. Del mismo modo que el catolicismo atenta contra el derecho de la mujer a interrumpir su embarazo. Por supuesto que hay católicos que no opinan así, pero los inevitables disidentes no impiden que se elaboren juicios generales sobre, por ejemplo, la postura de la intelectualidad o del nacionalismo en esta o aquella cuestión (la autora lo hace). No sé por qué las religiones deben tratarse de otra manera. ¿No será una reminiscencia de los tiempos en los que se castigaba a quien las calificase de forma poco respetuosa? Los creyentes pueden ser perfectos ciudadanos, conscientes de los límites de sus creencias en lo social y respetuosos con las libertades de los demás, pero las religiones no lo son y no reconocen los mismos límites que sus creyentes. En sus textos sagrados, que son inmutables, las cuestiones morales se tratan con claridad y de ello resultan enseñanzas y mandatos a menudo brutales para nuestra sensibilidad actual. Sabemos que provienen de otra época y podemos contextualizarlo, pero las religiones no siempre son capaces de hacer este ejercicio tan sencillo. Y por eso el Islam es la religión de más difícil acomodo en una sociedad democrática, porque el Corán se usa como fuente del derecho, como si fuera el Código Civil. No existe, como en el cristianismo, una tradición de interpretación simbólica del texto sagrado.

La Sra. Luz Gómez diría que estoy cometiendo la osadía de hablar del Corán sin tener la debida titulación, pero me tranquiliza pensar que lo mismo hacen a diario millones de musulmanes y seguro que muchos harán una lectura incluso más atolondrada que la mía. No en vano, muchos de ellos afirman que la suya es una religión sin teología, que destaca por su sencillez y por el mensaje directo; sin embargo a la profesora Luz Gómez le parece que el derecho a leer y a citar el Corán hay que ganárselo haciendo algún tipo de formación muy compleja, que debe incluir el árabe clásico, supongo. Entonces me temo que tampoco puedo opinar sobre el cristianismo porque mis conocimientos de griego y latín son muy escasos y de arameo no sé ni palabra. Sólo conozco el castellano, y veo que no lo suficiente, porque algunas palabras de las que emplea la Sra. Luz Gómez me desconciertan. ¿Por qué hay que llamar al experto en seguridad “experto securitario”? Me ha recordado a Lázaro Carreter (¡cuánto le echamos de menos!), que llegó a sugerir el “kilo sardinario” para sustituir al vulgar kilo de sardinas.

Y ahora, para acabar, imaginemos una secta que proclamase que la Divina Comedia es la obra más sublime jamás escrita y que las virtudes y los vicios humanos están tan perfectamente descritos en ella que la definición de bondad y maldad y, finalmente, las leyes que rigen la sociedad, deberían inspirarse en el poema. Llegados a este caso, no creo yo que fuera falta de respeto opinar que es una pretensión absurda ni creo que fuera agresión oponerse a semejante proyecto.

Pero la profesora Gómez le daría un enfoque diferente: nos advertiría que nuestra imagen de Dante está tergiversada por tópicos y prejuicios y nos exigiría, antes de empezar discutir sobre el tema, que acreditásemos un buen nivel de italiano antiguo.