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El origen del cristianismo (2): San Pablo y su invención

30 marzo 2014
San-Pablo

San Pablo elaboró una mezcla de elementos judíos y griegos después de darse un fuerte golpe en la cabeza

Pablo de Tarso era partidario de abrir la religión a los no judíos y despojarla de sus elementos mesiánicos nacionalistas y antirromanos. Estaba muy influido por la cultura grecolatina y no veía futuro en la resistencia contra Roma.

Pero su peculiar cristianismo era una construcción personal bastante alejada de la predicación de Jesús, a quien no conoció. Pablo introduce elementos paganos en el cristianismo. La idea de un enviado del cielo que se sacrifica, la redención, es extraña al judaísmo, pero era familiar para las religiones del Mediterráneo oriental. Ulises, Eneas, Orfeo, Osiris o Mitra eran divinidades o personas divinizadas que morían y renacían o viajaban al mundo de los muertos y conseguían volver. Pablo tuvo la genial intuición de relacionar este viaje heroico al reino de los muertos con la muerte en la cruz. Precisamente, la muerte de su líder colgado en un madero era uno de los aspectos más embarazosos para los judíos cristianos porque es una forma de morir especialmente ominosa para la cultura judía. El cristianismo judío no tenía una buena explicación para la crucifixión. Por último, la deificación de Jesús es también un elemento helenístico. La idea resulta sacrílega para los creyentes que han recibido una educación judía porque recitan desde la cuna que Dios es uno y nadie puede comparársele.

En los hechos de los apóstoles y en el evangelio de Lucas se justifica la ruptura con el judaísmo aludiendo a una persecución que nunca existió. Brandon desmiente las supuestas persecuciones judías contra los cristianos. Como ya hemos explicado, los cristianos y fariseos llegaron a un acuerdo para repartirse el poder religioso a expensas de los saduceos.  Según cuenta Flavio Josefo, los fariseos condenaron la muerte de Santiago, hermano y sucesor de Jesús, que fue asesinado por instigación de los saduceos. En los Hechos de los Apóstoles 5:34 queda testimonio de la defensa de los cristianos que hace Gamaiel, miembro de la aristocracia farisea. En este mismo texto y en la epístola a los Gálatas comprobamos que en los tiempos de la predicación de Pablo, Jerusalén era la indiscutible capital del cristianismo, de manera que no tuvieron que exiliarse ni nada parecido. La jerarquía cristiana, con Santiago a la cabeza, heredero natural de  Jesús, vivía en Jerusalén sin ser molestada. Incluso se podían permitir llamar a capítulo a Pablo para pedirle explicaciones por sus actividades con los gentiles y exigirle que demostrase públicamente su fe judía en el templo, cosa que él tuvo que hacer, porque el poder de la comunidad cristiana judía todavía era grande. Todo esto no se corresponde con la situación de clandestinidad que fabricaron posteriormente diversos copistas antisemitas.

Pablo y su propagandista, Lucas, procuran expurgar la historia de Jesús de todos los elementos nacionalistas que pueden, aunque algunos eran demasiado conocidos. Las intenciones de Lucas van más allá: culpa a los judíos de la muerte de Jesús, cuando es evidente que se trata de una ejecución realizada por los romanos para castigar la sedición contra Roma.

Hay una voluntad de desertar de la causa judía que sigue una evolución inevitable. Marcos supone el paso siguiente: de la deserción al abierto enfrentamiento. Su evangelio, dirigido a los cristianos de Roma y al mundo romano, ataca las instituciones y la tradición judía con fiereza sectaria. Exculpa a Roma de la muerte de Jesús, culpa de ella a los judíos y trata de cambiar  el sentido del término Mesías. Hay una significativa discusión entre Jesús y los que Marcos llama escribas (era el nombre que se empleaba en Roma para referirse a los rabinos) sobre el origen del Mesías (12:35). Marcos desmiente por boca de Jesús el carácter político de su mesianismo. Él es diferente de los otros mesías, su relación es más estrecha que la de David porque está emparentado directamente con Dios. Es muy improbable que Jesús hiciera esa afirmación blasfema, cuando sus partidarios se esfuerzan desde el principio en explicar su pertenencia a la casa de David a lo largo de una improbable línea sucesoria. El evangelio más antiguo, el de Mateo empieza precisamente así, defendiendo el derecho de Jesús al trono.

Los elementos fundamentales de la historia ya están planteados. Los siguientes capítulos se desarrollarán en las ciudades de Roma y, sobre todo, en Alejandría y llevarán al cristianismo a convertirse en la religión oficial de un Imperio Romano en decadencia, pero con el poder suficiente para convertirlo en la fe hegemónica de buena parte del Mundo.

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El origen del cristianismo (1): Jesús el mesías

18 marzo 2014
Arco-de-Tito

Los romanos llevan en triunfo a Roma los tesoros del templo de Jerusalén

Por recomendación de Harris busqué y leí el libro La caída de Jerusalén y la iglesia cristiana. Brandon 1951.  S. G. F. Brandon era un sacerdote anglicano profesor de religión comparada en la Universidad de Manchester. El libro me pareció muy interesante y voy a tratar de resumirlo.

La idea fundamental del libro es que el cristianismo era originariamente una secta del judaísmo, con connotaciones fuertemente nacionalistas. De no haber sido por la destrucción de Jerusalén, habría mantenido su carácter ortodoxo dentro del judaísmo. Brandon cuenta que durante décadas los cristianos convivieron pacíficamente con otras corrientes del judaísmo, especialmente los fariseos, y llegaron a obtener su lugar entre la élite sacerdotal de Jerusalén. Así fue hasta la guerra contra Roma. La completa derrota de los judíos y la destrucción del templo de Jerusalén hizo que una de las corrientes periféricas y heterodoxas del cristianismo tomara la supremacía: el cristianismo paulino, creado por Pablo de Tarso.

Jesús dejó bien claro que su mensaje mesiánico iba dirigido exclusivamente a los judíos. En los evangelios más antiguos, Jesús desprecia a los gentiles y deja varios testimonios de su xenofobia y de su chovinismo judío. Por ejemplo, en el pasaje de la mujer sirofenicia (Marcos 7:24-30; Mateo 15:21-28). También en Mateo 10:5-6 leemos que Jesús exhorta a sus seguidores a no predicar a gentiles ni a samaritanos. Todo en correspondencia con lo que cabe esperar de un autoproclamado descendiente del rey David y, por tanto, legítimo heredero al trono de Israel. Los mesías en la tradición judía son jefes militares elegidos por Dios para expulsar a los enemigos de Israel de la tierra sagrada y para a instaurar la teocracia. Estos pasajes no se encuentran en el evangelio de Lucas, porque este evangelista era un fiel partidario de Pablo de Tarso y depuró la historia de los elementos mesiánicos menos conocidos.

La postura de los judíos ante el invasor romano iba desde la rebeldía armada de los zelotes, la contemporización de los fariseos, el colaboracionismo de los saduceos y la huída al desierto de los esenios. El cristianismo ocupaba inicialmente una posición próxima a la de los zelotes y reclutaba elementos de esta facción, aunque militarmente Jesús era más prudente. En Lucas 13:1 se explica el extraño episodio de la torre de Siloé. Parece ser que unos zelotes se enfrentaron abiertamente a los romanos, siendo sitiados y vencidos. Alguien considera necesario contárselo a Jesús y preguntarle su opinión. Su respuesta es una llamada a evitar actos violentos indisciplinados.

El intento de toma del poder de Jesús fracasa como todos sabemos y él y algunos de sus seguidores acaban crucificados. La crucifixión era el castigo por sedición, los romanos no crucificaban ladrones ni blasfemos. Recordemos que los seguidores de Espartaco fueron crucificados por los mismos cargos: rebelión contra Roma.

La revuelta vuelve a estallar en el 66. Los judíos obtienen una victoria inesperada sobre Cestio Galio, lo cual interpretaron, por supuesto, como la intervención de Yahvé en defensa de sus elegidos. La corriente más nacionalista del cristianismo debió reforzarse y es probable que la desaparición de los saduceos de la historia, de los que ya no se vuelve a saber nada, se deba simplemente a que fueron pasados a cuchillo por colaboracionistas (esto es suposición mía).

Pero pronto las cosas se complicaron a medida que las legiones de Vespasiano avanzaban desde el norte hacia Jerusalén. La ciudad fue tomada por los romanos en el 70 y pocos defensores se salvaron. Los romanos no debieron hacer distinciones entre corrientes del judaísmo. En fuentes rabínicas se cuenta la huída de Johannan ben Zakai del Jerusalén sitiado, pero no hay ningún relato similar relativo a la élite cristiana. Tampoco se conserva testimonio del martirio de ninguno, porque no resultaba conveniente mezclar a los santos con los rebeldes contra Roma.

Vae victis. El templo fue violado, sus riquezas saqueadas y se celebraron en su recinto sacrificios a los dioses romanos. No cabe imaginar mayor cataclismo para la cultura judía. Estos terribles acontecimientos inspiraron gran parte de la literatura apocalíptica.  Muchos exiliados que huían de la persecución romana llegaron a Alejandría, donde la comunidad judía era muy importante. Muchos persistieron en su actitud antirromana y hubo una nueva revuelta de los judíos de Alejandría  y de otras ciudades de la diáspora en 115 que acabó en una nueva derrota.

Ante estas derrotas nacionalistas, la corriente paulina queda prácticamente dueña del campo. El paulinismo, desertor de la causa judía, va cargándose de elementos antijudíos y aproximándose al poder de Roma, como contaremos más adelante.

Jesús de Nazaret y Sabbatai Zevi. Los mesías cobardes

30 junio 2011

Seguimos con Harris. En su libro Vacas, cerdos, guerras y brujas hay dos capítulos dedicados al mesianismo judío que me parecen interesantísimos. Recuerdo que leyéndolos  entendí por fin el porqué de la traición de Judas. Lo que no consiguieron años de enseñanza religiosa lo consiguió este antropólogo con su análisis de la figura de Jesús y de la situación política y militar de la Palestina de aquel tiempo

Jesús era un líder con aspiraciones al poder. Pretendía ser una tercera fuerza entre los zelotes y los esenios y se postulaba para rey de los judíos una vez expulsados los romanos. Su asalto al templo de Jerusalén (que en los evangelios cuentan como la expulsión de los mercaderes) fue un intento fracasado de toma del poder. Como anteriores mesías, Jesús afirmaba que descendía del rey David, del mismo modo en que diversos aventureros fundadores de dinastías en el mundo musulmán afirmaban que descendían del Profeta Mahoma.

La entrada en Jerusalén durante la Pascua tenía un gran valor simbólico y la gente le aclamó como el libertador. La situación para los romanos (y para los judíos colaboracionistas) era muy complicada. La ciudad estaba abarrotada de gente celebrando una fiesta religiosa judía que precisamente exalta los valores de resistencia ante un opresor extranjero, con lo que la llegada del Mesías era potencialmente explosiva. La guarnición romana no hubiera sido suficiente para contener una revuelta. Pero Pilatos y sus aliados judíos supieron obrar con inteligencia y, gracias a la delación de Judas, pudieron detener a Jesús en un lugar apartado, lejos de las multitudes enfervorizadas que le acompañaban. La traición de Judas consistió en mostrar el lugar donde Jesús podía ser capturado discretamente, sin riesgo de hacer estallar la revuelta.

Una vez ante los tribunales, Jesús intentó salvarse mostrando su lado místico y conciliador (“mi reino no es de este mundo”), con lo que perdió la mayor parte de las simpatías entre los que esperaban sus órdenes para iniciar la sublevación contra Roma. Según los evangelios, una nueva jugada maestra de Pilatos hizo que fueran los mismos judíos los que le condenasen, pero la historia es sospechosa, podría tratarse de una conveniente fabricación posterior para exculpar a Roma del deicidio.

Originariamente, los mesías eran jefes militares, pero las sucesivas derrotas judías fueron transformando el mensaje guerrero en un discurso religioso. Jesús, o más bien sus propagandistas, inauguraron una dinastía de mesías místicos, más adecuados para la situación de un pueblo judío en la diáspora que vivía como minoría en reinos contra los que no podían aspirar a rebelarse.

Siglos después, entre los judíos de Turquía aparece un personaje que parece invención de novelista: Sabbatai Zevi. Era un rabino sefardí de Esmirna que se proclamó mesías en 1648. Se le atribuían milagros portentosos y tenía el don de la palabra; sus sermones electrizaban multitudes. Llegó a tener numerosos seguidores que eran, en su mayor parte, sefarditas. Una de las cosas que más me sorprendió es que su predicación incluía como texto religioso un romance en español de tema erótico, al que él atribuía un sentido místico.

Todas las gentes dormían
en las que Dios tiene parte,
mas no duerme Melisenda
la hija del emperante;
que amores del conde Ayruelo
no la dejan reposar.

Salto diera de la cama
como la parió su madre,
vistiérase una alcandora
no hallando su brial;
vase para los palacios
donde sus damas están (…)

Melisenda, finalmente se acuesta con el conde, aunque para ello tiene que asesinar, engañar y obrar prodigios. Transformar una historia picante y truculenta en himno religioso e incorporarlo al ritual, siguiendo la clave metafórica del Cantar de los Cantares, es una de las asombrosas capacidades de la tradición cabalística sefardí.

Sabbatai siguió los pasos de Jesús. Capturado y llevado a presencia del Sultán, aceptó renunciar a su religión y convertirse al Islam. Intentó convencer a sus partidarios de que todo era parte de su plan mesiánico, pero sólo consiguió que unos pocos se convirtieran con él. Hay quien supone que aún existen sabateos entre los musulmanes de Turquía que practican en secreto rituales judaicos en conmemoración de su mesías.

Sabbatai sobrevivió para hacer él mismo una interpretación mística de su traición. No le resultaría difícil a quien era capaz de transformar el romance de Melisenda una metáfora del amor de Dios por el pueblo de Israel. En el caso de Jesús, esta lectura simbólica la elaboraron sus partidarios, que nunca quisieron reconocer que, a la hora de la verdad, al líder al que habían seguido ciegamente le faltó valor.