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Jesús de Nazaret y Sabbatai Zevi. Los mesías cobardes

30 junio 2011

Seguimos con Harris. En su libro Vacas, cerdos, guerras y brujas hay dos capítulos dedicados al mesianismo judío que me parecen interesantísimos. Recuerdo que leyéndolos  entendí por fin el porqué de la traición de Judas. Lo que no consiguieron años de enseñanza religiosa lo consiguió este antropólogo con su análisis de la figura de Jesús y de la situación política y militar de la Palestina de aquel tiempo

Jesús era un líder con aspiraciones al poder. Pretendía ser una tercera fuerza entre los zelotes y los esenios y se postulaba para rey de los judíos una vez expulsados los romanos. Su asalto al templo de Jerusalén (que en los evangelios cuentan como la expulsión de los mercaderes) fue un intento fracasado de toma del poder. Como anteriores mesías, Jesús afirmaba que descendía del rey David, del mismo modo en que diversos aventureros fundadores de dinastías en el mundo musulmán afirmaban que descendían del Profeta Mahoma.

La entrada en Jerusalén durante la Pascua tenía un gran valor simbólico y la gente le aclamó como el libertador. La situación para los romanos (y para los judíos colaboracionistas) era muy complicada. La ciudad estaba abarrotada de gente celebrando una fiesta religiosa judía que precisamente exalta los valores de resistencia ante un opresor extranjero, con lo que la llegada del Mesías era potencialmente explosiva. La guarnición romana no hubiera sido suficiente para contener una revuelta. Pero Pilatos y sus aliados judíos supieron obrar con inteligencia y, gracias a la delación de Judas, pudieron detener a Jesús en un lugar apartado, lejos de las multitudes enfervorizadas que le acompañaban. La traición de Judas consistió en mostrar el lugar donde Jesús podía ser capturado discretamente, sin riesgo de hacer estallar la revuelta.

Una vez ante los tribunales, Jesús intentó salvarse mostrando su lado místico y conciliador (“mi reino no es de este mundo”), con lo que perdió la mayor parte de las simpatías entre los que esperaban sus órdenes para iniciar la sublevación contra Roma. Según los evangelios, una nueva jugada maestra de Pilatos hizo que fueran los mismos judíos los que le condenasen, pero la historia es sospechosa, podría tratarse de una conveniente fabricación posterior para exculpar a Roma del deicidio.

Originariamente, los mesías eran jefes militares, pero las sucesivas derrotas judías fueron transformando el mensaje guerrero en un discurso religioso. Jesús, o más bien sus propagandistas, inauguraron una dinastía de mesías místicos, más adecuados para la situación de un pueblo judío en la diáspora que vivía como minoría en reinos contra los que no podían aspirar a rebelarse.

Siglos después, entre los judíos de Turquía aparece un personaje que parece invención de novelista: Sabbatai Zevi. Era un rabino sefardí de Esmirna que se proclamó mesías en 1648. Se le atribuían milagros portentosos y tenía el don de la palabra; sus sermones electrizaban multitudes. Llegó a tener numerosos seguidores que eran, en su mayor parte, sefarditas. Una de las cosas que más me sorprendió es que su predicación incluía como texto religioso un romance en español de tema erótico, al que él atribuía un sentido místico.

Todas las gentes dormían
en las que Dios tiene parte,
mas no duerme Melisenda
la hija del emperante;
que amores del conde Ayruelo
no la dejan reposar.

Salto diera de la cama
como la parió su madre,
vistiérase una alcandora
no hallando su brial;
vase para los palacios
donde sus damas están (…)

Melisenda, finalmente se acuesta con el conde, aunque para ello tiene que asesinar, engañar y obrar prodigios. Transformar una historia picante y truculenta en himno religioso e incorporarlo al ritual, siguiendo la clave metafórica del Cantar de los Cantares, es una de las asombrosas capacidades de la tradición cabalística sefardí.

Sabbatai siguió los pasos de Jesús. Capturado y llevado a presencia del Sultán, aceptó renunciar a su religión y convertirse al Islam. Intentó convencer a sus partidarios de que todo era parte de su plan mesiánico, pero sólo consiguió que unos pocos se convirtieran con él. Hay quien supone que aún existen sabateos entre los musulmanes de Turquía que practican en secreto rituales judaicos en conmemoración de su mesías.

Sabbatai sobrevivió para hacer él mismo una interpretación mística de su traición. No le resultaría difícil a quien era capaz de transformar el romance de Melisenda una metáfora del amor de Dios por el pueblo de Israel. En el caso de Jesús, esta lectura simbólica la elaboraron sus partidarios, que nunca quisieron reconocer que, a la hora de la verdad, al líder al que habían seguido ciegamente le faltó valor.

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