Posts Tagged ‘sufrimiento’

Argumentos ateos de baja calidad

18 octubre 2010

R. Crumb. Diario londinense de Boswell

Así como hay argumentos teístas que son de pata de banco, también hay demasiados ateos que emplean argumentos manidos y simplones. Si en alguna ocasión os es dado discutir con un teísta sobre si hay un dios o no, hay unos cuantos argumentos que no debéis rebajaros a utilizar, en bien de la calidad del debate.

He aquí un listado (provisional) de argumentos vitandos:

-Si Dios existiese se notaría: Los judíos hablan del “silencio de dios” y, en general, los creyentes conviven bastante bien con un dios mudo, ciego y sordo.

-El sufrimiento: Si Dios existe ¿por qué permite la pobreza y la calvicie? (esta formulación es de W. Allen). Te contestarán que el sufrimiento forma parte de la existencia porque es un camino de realización personal, porque así podemos ejercer la caridad y porque, finalmente, todo es un misterio que entenderemos después.

-Dios es un invento del sistema de explotación capitalista: Puede, pero el capitalismo sin dios también funciona. Por otra parte, en diversos momentos de la historia, el cristianismo generó movimientos socialistas, colectivistas o de redistribución de la riqueza abiertamente revolucionarios. Así que por ahí no les vas a pillar.

La estrategia en una discusión de este tipo, si es que llega a producirse porque las conversaciones trascendentes son cada vez más raras, es atacar la eternidad. La vida eterna es una falacia generada a partes iguales por el miedo y la soberbia. Esforzaos en convencer a vuestro adversario y a los asistentes de que una persona adulta y bien informada no puede creer en una supervivencia inmaterial en el más allá. Hay que aceptar (o al menos intentar sobrellevar) que nada va a sobrevivir de nosotros. Somos neuronas. Lo que sea que llamemos alma morirá con nosotros. A veces, incluso antes.

Como señalaba Unamuno, si no hay vida eterna a nadie le importa un ardite el Dios Ése. Si aguantamos sus rarezas, sus celos patológicos y su incomprensible sentido de la justicia es porque nos va a hacer sobrevivir a la muerte. La piedad es un amor interesado.

El Dios de las pequeñas cosas y de los grandes terremotos

21 septiembre 2010

En TED se puede ver una interesante charla de Tom Honey, pastor de la Catedral de Exeter.

El pastor se pregunta lo mismo que todo creyente con sensibilidad cuando asisten a una gran catástrofe. En este caso se trata del tsunami del Índico de 2004, que provocó más de 200.000 muertos. Como suele ocurrir, las historias de aquéllos que se salvaron por pura casualidad son calificados de “milagros” por personas que puede que sean creyentes, pero que no demuestran demasiada inteligencia.

Tom Honey se cuestiona si se puede amar a un Dios así. El hombre siente que, si es correcto lo que le inculcaron desde pequeño como sentido del bien y de la justicia, y que se supone que emana de los mandamientos de Dios, el propio Dios incumple sus preceptos y se comporta como un pésimo maestro. ¿Qué clase de justicia es esa?

Es uno de esos momentos en los que el creyente sienta a Dios en el banquillo y, por un momento, el siervo adquiere grandeza y dignidad por su osadía. Parece, incluso, que el conferenciante está a punto de rebelarse y mandar al cuerno a ese Dios atrabiliario y caprichoso cuyo sentido de la justicia no comprendemos. Por otro lado, si el origen del bien, del amor y de la justicia son divinos, ¿eso convierte en justas las muertes y el sufrimiento provocados por la catástrofe? ¿son justas por ser voluntad de Dios?

No quiero pensar que es cobardía, pero, finalmente, Dios se salva, gracias a ser el dios de las cosas o porque está en las cosas. La conclusión tiene un tufo panteísta y no acabo de entender qué quiere decir. Tal vez el pastor se refiere a que el concepto humano de justicia no va con Él y que su parsimonia indiferente es como la de mar o la del viento, que no son conscientes de lo que generan o de lo que destruyen … O quizá quiere decir qué a Él se debe la existencia de todo y, por tanto, no podemos pedirle cuentas porque abrevie la existencia de algunas de sus criaturas.

Todo me parece un intento de explicar el absurdo generando más absurdo. Las catástrofes suceden y sucederán y cuando nos preguntemos ¿por qué?, la naturaleza nos responderá ¿y por qué no?

Hurgando en la llaga

27 enero 2010

Ya sé que el tema es doloroso, pero no he podido evitar la tentación de reproducir esta genial viñeta de la Pulga Snob, que apunta a una posible explicación del terremoto: afán de notoriedad del Creador. Por cierto, que es un blog sin desperdicio.

Religión y muerte indigna

15 mayo 2009

Los pacientes terminales con creencias religiosas tiene tres veces más probabilidades de recibir tratamientos agresivos y dolorosos en sus últimos días. Andrea Phelps, y sus colegas han publicado un estudio en el Journal of the American Medical Association basado en entrevistas a 300 pacientes terminales de cancer de varios hospitales de EEUU en las que se estableció su grado de religiosidad y el tipo de tratamiento recibido en su última semana de vida. Todos los pacientes murieron a lo largo del estudio. Sus expedientes fueron revisados y se entrevistó al personal sanitario que los atendió y a sus familias y cuidadores para comprobar si fueron conectados a sistemas de ventilación, reanimación cardiopulmonar u otras técnicas intensivas de prolongación de la vida. Encontraron un 14 % de casos entre los 176 religiosos y sólo un 4% entre los no 167 no religiosos. Los autores creen que los creyentes eligen terapias agresivas porque creen que Dios puede usar esa terapia para obrar el milagro, o esperan que ese milagro se produzca mientras los cuidados médicos consigan prolongar la vida. Holly Prigerson, psiquiatra y coautor del estudio opina que estas prácticas incrementan las facturas que cobran los hospitales y únicamente provocan un empeoramiento de las condiciones de vida del paciente terminal, causándoles un mayor daño físico y emocional.

Actualización de octubre de 2014: Hay más estudios que coinciden en estas conclusiones. Guillamondegui y colaboradores han encontrado importantes diferencias en el tiempo que los creyentes pasaban hospitalizados, el tiempo que pasaban con ventilación asistida y el gasto sanitario que generaban. Todo ello sin conseguir una mayor tasa de supervivencia. Parece claro que el miedo a la muerte les hace soportar encarnizamiento terapéutico que los no creyentes se ahorran.